Creo que fue Ramón Tamames
quien en respuesta al eslogan del
centenario del PSOE, «PSOE cien años de
honradez», acuñó «...y cuarenta de
vacaciones». No se sabe a ciencia cierta si
fue también Tamames quien en una de esas
noches madrileñas de Bocaccio siguió con la
coña, a costa del eslogan del PSOE, e hizo
correr el siguiente contra-eslogan: «Cien
años de honradez, ni un minuto más».
Antonio Burgos siempre ha sostenido
que el último, el de «ni un minuto más»,
salió de las chirigotas del carnaval
gaditano.
Sea quien fuere, el caso
es que ambos contra-eslóganes están muy
bien traídos y no exentos de un casticismo
madrileño muy propio de Ramón
Tamames.
El Partido Socialista Obrero
Español durante el régimen franquista fue
una sombra, un espíritu etéreo, que vivía
en México de las rentas del barco que
Indalecio Prieto cargó con todo lo
que pudo para asegurarse el porvenir de
toda la familia socialista que se exilió,
eso sí, de mala manera.
En el
contubernio de Múnich, año 1962,
todavía les esperan, allí pululaba un
ilustre Madariaga, republicano él;
liberales varios, democristianos y poco
más. Y eso que el 62 es el año del
nombramiento de Fraga, la gran
esperanza reformista, los tecnócratas y un
grupo de tibios regencialistas. Pero lo
dicho, del PSOE rien de rien.
Cuando Suárez llega al poder
la única estructura firme, o sea con pasta,
de oposición que se encuentra es el Partido
Comunista de España. ¡Ay, Eberhard
Grosske, qué sentimientos se te vienen
a la cabeza! ¡Qué le vamos a hacer si te
has convertido en el rojo bueno de
estas islas! Tus políticas ya no preocupan
ni ocupan, Eberhard.
El PSOE apenas
era nada, la Federación Socialista
Madrileña quizá, y gentes arremolinadas
alrededor de la UGT que apuntaba maneras.
El caso es que Suárez con quien hace el
pacto es con Carrillo. Legaliza el
PCE a cambio de la pax hispaniorum
de la izquierda, chapeau a los
dos.
Pegando un salto en la Historia
nos situamos en las Filesas,
Malesas... Rumasa, un
atropello legal con el primer infortunio
del Constitucional, no nos podemos olvidar
de Guerra y «mi hermano», qué decir
del fantástico Roldán que se llevó
crudo el dinero de los huérfanos de la
Guardia Civil.
Por no hablar del
patético GAL que más se parecía, si no
fuese por las trágicas consecuencias, a un
Torrente ascendido de
categoría.
No podemos olvidarnos de
un fiscal general, de sobrenombre el
pollo del pinar o algo parecido, que
practicaba lucha canaria.
Con toda
esta patulea, más los mil millones de
Montilla y el pasotismo de ZP
con la sociedad civil a la que ignora,
no me parece ni medianamente de recibo la
actitud del diputado Antich
intentando vendernos dosis de moralina.
¡Pero señor Antich, por favor, si su
partido se quedó en los cien años de
honradez y ya sabe: «ni un minuto
más»!
Todos estos minutos de prórroga
honrada que nos propone para Baleares pues
no cuelan, ya les tenemos calados, ya
sabemos lo que Tino Alomar quiere.
¿Se le ha olvidado? Pero si todavía sigue
vendiendo la ecotasa. ¿Ah, que no lo sabía?
Eso es cosa de Jordi Bayona que no
está en lo que está.
Ustedes, señores
socialistas baleáricos, no son quienes para
repartir credenciales de honradez, ustedes
señores socialistas cuando gobernaron por
estas islas casi consiguen una catástrofe
económica estructural, algo que, según dice
Tamames en su obra Estructura económica
de España, es casi imposible que ocurra
por estos pagos. Y ustedes casi lo
consiguen.