Si por casualidad el partido por el que
usted se va a presentar a las próximas
elecciones gobierna en algún municipio
balear, es decir, es un partido que ha
tocado, olido o rozado poder, no lo dude,
no se confíe, no tenga manías. Vaya a la
farmacia más cercana y pida un tratamiento
antiparásitos, qué digo, pida diez
tratamientos antiparásitos. Vacíe el
contenido de los diez frascos en la bañera,
desnúdese e introdúzcase en la misma. No
añada agua, retuérzase en el mejunje. No
tenga miedo de inhalar los vahos, que los
bichos pueden haberse alojado en lo más
recóndito de sus vísceras. No escatime
prevención.
Una vez haya pasado por
este trámite ineludible, lleve toda su ropa
y demás objetos usados en los últimos diez
años a un experto en desratización y
desintoxicación. A partir de este momento
puede empezar a plantearse la aventura
electoral.
Lo primero que es
aconsejable adquirir es inmunidad a los
fiscales anticorrupción. Los fiscales
anticorrupción tienen una nariz muy grande,
mucho olfato, una pituitaria virgen capaz
de detectar el aroma de cualquier animal
vinculado a la política, procesar vía nasal
a un candidato y cotejar su perfil en el
gran archivo de personal corrupto del gran
ordenador central de Fiscalía. Para que se
haga una idea. ¿Ha visto usted la película
Happy feet? Fíjese en la nariz de
los elefantes marinos que interrogan a la
expedición de pingüinos sobre la plataforma
de hielo. Esa es la nariz de un buen fiscal
anticorrupción, un radar perfectamente
disimulado dentro de una bola de grasa
flácida entre los ojos. Nada escapa a su
poder de intimidación y de succión. O sea,
usted no puede desprender ningún olor
culpable. Para llegar a la feroz campaña
electoral y aspirar a su asiento en el
poder, debe primero hacer la prueba del
elefante marino, el test de la nariz
extensible. Deambule disimuladamente por
las inmediaciones del fiscal. Si después de
cinco o seis vueltas no ha sido succionado
por la gran nariz, es que está usted limpio
y puede situarse en la parrilla de
salida.
Ahora debe comprobar si su
estómago está en buenas condiciones, si
puede encajar las cuchilladas de rigor sin
desangrarse. Usted tendrá adversarios. No
se chupe el dedo, la política no es un
deporte. Lo importante no es participar,
sino ganar. ¿No será usted tan imbécil como
para tener un Porsche en el garaje? No
caiga en la trampa de creer que si sus
oponentes tienen chalets en zonas naturales
protegidas, cajas fuertes de entidad
bancaria en su despensa o un negociete
inmobiliario, usted tiene permiso para lo
mismo. Ese tipo de aprovechados están
acabados. Esto es la guerra, no sea
ingenuo. ¿Ha colgado ya su declaración de
la renta en Internet? Mal hecho. No es buen
candidato si declara a Hacienda. Lo ideal
es que no tenga oficio ni beneficio. Las
manos limpias.
Por último, ¿qué
solución tiene contra el cambio climático?
Y, por curiosidad, ¿pega palizas a su
cónyuge?