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  Martes, 19 de diciembre de 2006 Actualizado a las 01:31
 

EN VENA
Elecciones 07 (4)

ROMÁN PIÑA VALLS


Si por casualidad el partido por el que usted se va a presentar a las próximas elecciones gobierna en algún municipio balear, es decir, es un partido que ha tocado, olido o rozado poder, no lo dude, no se confíe, no tenga manías. Vaya a la farmacia más cercana y pida un tratamiento antiparásitos, qué digo, pida diez tratamientos antiparásitos. Vacíe el contenido de los diez frascos en la bañera, desnúdese e introdúzcase en la misma. No añada agua, retuérzase en el mejunje. No tenga miedo de inhalar los vahos, que los bichos pueden haberse alojado en lo más recóndito de sus vísceras. No escatime prevención.

Una vez haya pasado por este trámite ineludible, lleve toda su ropa y demás objetos usados en los últimos diez años a un experto en desratización y desintoxicación. A partir de este momento puede empezar a plantearse la aventura electoral.

Lo primero que es aconsejable adquirir es inmunidad a los fiscales anticorrupción. Los fiscales anticorrupción tienen una nariz muy grande, mucho olfato, una pituitaria virgen capaz de detectar el aroma de cualquier animal vinculado a la política, procesar vía nasal a un candidato y cotejar su perfil en el gran archivo de personal corrupto del gran ordenador central de Fiscalía. Para que se haga una idea. ¿Ha visto usted la película Happy feet? Fíjese en la nariz de los elefantes marinos que interrogan a la expedición de pingüinos sobre la plataforma de hielo. Esa es la nariz de un buen fiscal anticorrupción, un radar perfectamente disimulado dentro de una bola de grasa flácida entre los ojos. Nada escapa a su poder de intimidación y de succión. O sea, usted no puede desprender ningún olor culpable. Para llegar a la feroz campaña electoral y aspirar a su asiento en el poder, debe primero hacer la prueba del elefante marino, el test de la nariz extensible. Deambule disimuladamente por las inmediaciones del fiscal. Si después de cinco o seis vueltas no ha sido succionado por la gran nariz, es que está usted limpio y puede situarse en la parrilla de salida.

Ahora debe comprobar si su estómago está en buenas condiciones, si puede encajar las cuchilladas de rigor sin desangrarse. Usted tendrá adversarios. No se chupe el dedo, la política no es un deporte. Lo importante no es participar, sino ganar. ¿No será usted tan imbécil como para tener un Porsche en el garaje? No caiga en la trampa de creer que si sus oponentes tienen chalets en zonas naturales protegidas, cajas fuertes de entidad bancaria en su despensa o un negociete inmobiliario, usted tiene permiso para lo mismo. Ese tipo de aprovechados están acabados. Esto es la guerra, no sea ingenuo. ¿Ha colgado ya su declaración de la renta en Internet? Mal hecho. No es buen candidato si declara a Hacienda. Lo ideal es que no tenga oficio ni beneficio. Las manos limpias.

Por último, ¿qué solución tiene contra el cambio climático? Y, por curiosidad, ¿pega palizas a su cónyuge?

 
   
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