Con frecuencia, estas personas sufren
tensión, insomnio, preocupaciones
recurrentes o irritabilidad. El inmigrante
debe tomar decisiones en poco tiempo y con
escasos medios de análisis, un hecho que
les supone una gran tensión. La noche es el
momento más duro, puesto que afloran los
recuerdos y se magnifican los
problemas.
El insomnio se agrava
todavía más por las pésimas condiciones de
sus viviendas (frío en el invierno y calor
en el verano, poca ventilación, ruidos,
etcétera).
Toda esta tensión se puede
traducir incluso en problemas de tipo
físico, como dolores de cabeza, muy
asociados a las preocupaciones constantes,
o la fatiga, puesto que cuando el recién
llegado sufre estos problemas y
frustraciones, disminuyen sus
fuerzas.
También son frecuentes las
somatizaciones, sobre todo las de tipos
osteomuscular: contracturas que aparecen
como respuesta al estrés. Suelen aparecer,
generalmente, en la espalda y en las
articulaciones.