CRISTINA GUERRERO
MADRID.-
El Museo Thyssen-Bornemisza inaugura
hoy una nueva serie de exposiciones de
carácter anual: un destacado artista vivo,
español o de otros países, realiza un
selección de los propios fondos que posee
la pinacoteca.
El encargado de abrir
este «proyecto experimental», como el
propio Guillermo Solana, conservador jefe
del museo, explicó ayer, es el israelí
Avigdor Arikha, un artista de culto que se
asoma así a una faceta en la que ejerce de
comisario ocasional.
A partir de hoy
y hasta el 11 de marzo, la sala 8 del
Thyssen reúne 20 óleos de artistas de
distintas épocas: Tiziano, Antonio Moro,
Caravaggio, Cézanne, Mondrian, Lucien
Freud, Edward Hopper o Bramantino, entre
otros, bajo un mismo nexo comunicativo: la
pintura al natural o la pintura de lo vivo,
que parte como principal presupuesto de la
observación, sin preparativos ni
retoques.
Arikha transita actualmente
por una senda similar ya que, a su juicio,
es «la única garantía de verdad, entendida
no cómo semejanza mimética sino como la
necesidad profunda de retener lo vivido, lo
que fluye».
Bajo una luz natural
pueden admirarse lienzos como Santa
Catalina de Alejandría, de Caravaggio;
Retrato del Dogo Francesco Venier,
de Tiziano; Cristo resucitado de
Bramantino; Retrato de un campesino,
de Cézanne; o Composición de colores I,
de Piet Mondrian.
La
interrelación, incluso el diálogo, entre
las obras obedece a una motivación que
entronca con la trayectoria vital del
artista, plagada de caminos tortuosos.
En la primera mitad de su carrera,
bebió de la gramática pictórica de Mondrian
hasta que, en 1965, concluyó que la
abstracción, como proyecto artístico y
utópico, estaba agotada, al menos según los
cánones manejados hasta entonces.
De
ahí que este artista post-abstracto
entienda la muestra como una corrección del
propio género.