Palma, a similitud de las grandes
ciudades -Madrid o Barcelona entre otras-
tiene ya su Ley de Capitalidad, una norma
que pretende compensar el sobrecoste que
debe soportar la ciudad por ser la capital
del archipiélago. Ello supondrá que en
materia financiera se garantiza que
recibirá una inversión anual no inferior a
30 millones de euros, además de la
correspondiente al fondo de cooperación
municipal que para el próximo año será de
aproximadamente cinco millones, para
complementar el nivel de infraestructuras,
instalaciones y servicios asociados al
carácter de capital, y por otra parte
recibirá también del presupuesto de la CAIB
inversiones, como aportaciones a los
consorcios que se creen, por un importe,
como mínimo, del 16% del total de las
dotaciones consignadas para inversiones
reales. Todo lo cual puede acabar con la
penuria económica de una urbe que a su
condición de capitalidad une la de tener
que soportar la mayoría de servicios e
infraestructuras de la isla, desde el
aeropuerto a la eliminación de basuras.
Pero la nueva ley permite también, y
ahí es donde ha surgido el mayor motivo de
discordia en relación a esta norma, que el
Ayuntamiento asuma las competencias finales
en materia de Urbanismo, sin que sea
precisa la aprobación posterior por parte
del Consell de Mallorca. Y hay quien
considera -así el propio Consell, que
recurrirá este aspecto de la ley- que si el
urbanismo de todos los municipios está
sometido a una tutela superior, carece de
lógica que Palma trate de sustraerse a este
control. Un argumento sin embargo que si
bien es cierto puede convertirse también en
un búmeran contra quien lo esgrime, en este
caso el Consell de Mallorca. Porque si bien
la gestión de las competencias que son de
titularidad de la Comunidad Autónoma pueden
ser transferidas -y muchas lo son- a los
consells, que son órganos de administración
local, mientras que el Govern tiene que
rendir cuentas de su actuación ante el
Parlament, los consells insulares rinden
únicamente cuentas, al igual que los
ayuntamientos, ante su propio pleno.
Entonces, qué mas da que el ayuntamiento de
Palma tenga la competencia en materia de
urbanismo que que la tenga el Consell de
Mallorca porque la cuestión esta, en todo
caso, en saber quien controla al
controlador y resulta que el controlador se
controla a si mismo, lo cual no deja de ser
un importante déficit democrático.
En
la isla que tiene mas entidad, en todos los
ordenes, el ayuntamiento de Palma que el
propio Consell Insular y que dispone
también de mas medios que aquel, no se
justifica que necesite tener su urbanismo
tutelado por alguien que tiene una inferior
capacidad de gestión al tiempo que
idénticos controles. Porque la
administración insular, ese escalón
intermedio que padecemos en Baleares, ni lo
es todo ni puede pretender suplantar al
Govern, el único que tiene realmente
capacidad de control. Y además solo añade
burocracia.