EDUARDO INDAJueves
pasado. Doce y media de la mañana en punto.
Cuartel general de la Fiscalía del Tribunal
Superior de Justicia de Baleares en la
Plaza de los Patines. Decenas de
periodistas acuden a la rueda de prensa más
concurrida que se recuerda en meses si no
en años. La cara desencajada del fiscal
anticorrupción Juan Carrau es todo un
poema, perfecto reflejo de alguien que es
estructuralmente tímido y coyunturalmente
está de los nervios porque las cosas no van
como a él le gustaría, mejor dicho, por
donde a él le gustaría, que parece lo mismo
pero no es estrictamente lo mismo. Su
enfado es con el debido respeto
metafóricamente similar al del niño al que
se le ha roto el juguete. Las piezas del
mecano que nuestro hombre en Anticorrupción
ensambló atropelladamente el 27 de
noviembre ya no encajan como
antes.
Como quiera que no soy adivino
desconozco si Juan Carrau pasará a la
historia de la Justicia o a la de la
injusticia por su actuación en el caso
Andratx, en definitiva, si terminará de
fiscal estrella o estrellado. Pero sí tengo
más clarísimo que claro que ha patentado
una forma de ejercer la acusación más
propia de esos Estados Unidos en los que el
ministerio público debe hacer méritos
mediáticos mil para seguir en el machito
que de esta España nuestra en la que el
anonimato ha sido siempre santo y seña de
una institución indispensable.
En
lugar de hablar por escrito, que es como
deben hacerlo los acusadores públicos, Juan
Carrau optó por echarse al monte rueda de
prensa mediante arremetiendo contra el juez
que instruye el caso Andratx: «Ha
puesto en peligro la investigación al dejar
en libertad a Hidalgo y a Gibert, ha tomado
una decisión que no se ajusta a Derecho y
ha establecido una fianza
desproporcionadamente baja». Casi nada,
tres en uno: atribuyó al juez Álvaro
Latorre una imprudencia cuando no una
negligencia y bordeó el siempre peligroso
terreno de la acusación de prevaricación y,
para más inri, por partida doble. Un
atropello en opinión de los que conocen a
un Latorre que milita en la transversal
asociación Francisco de Vitoria. Todos los
amigos, conocidos y compañeros del juez
juzgado por Carrau coinciden más-menos,
palabra arriba-palabra abajo, en que es un
personaje prudente, moralmente
invulnerable, con una buena cabeza y pulcro
hasta decir basta procesalmente
hablando.
Menos mal que el Consejo
General del Poder Judicial ha saltado al
ruedo para echarle un capote al embestido
juez en una actuación con tan pocos
precedentes como la rueda de prensa misma.
El CGPJ advirtió a Carrau que actuaciones
así «no benefician a la imagen de la
Justicia» y le recordó que su obligación es
hablar «pero no en ruedas de prensa sino en
resoluciones». Contundente
diplomacia.
La que mediáticamente
hablando es la segunda operación
anticorrupción más importante de España de
los últimos años pierde fuelle cual globo
pinchado. La fianza fijada por su señoría
Latorre, 100.000 euros para Eugenio Hidalgo
y 60.000 para Jaime Gibert, lo dice todo.
Con una simple regla de tres basta y sobra
para hacernos idea de en qué ha quedado de
momento la Operación Voramar: la
garantía exigida al ex alcalde de Andratx
es 30 veces menor a los 3 kilos que
Carrau reclama aquí y ahora como
responsabilidad patrimonial y 60 inferior a
los 6 millones iniciales y en el caso del
celador municipal Jaime Gibert 50 y 100
veces más baja. Lo normal y lo habitual es
que si hay desproporción sea de uno a dos,
de uno a tres o de uno a cuatro si me
apuran, pero no de uno a ¡¡¡30!!!, de uno a
¡¡¡50!!! o de uno a ¡¡¡100!!!
El
gozo de la Fiscalía General, que este dúo
dinámico se comiera el turrón en Son
Rossinyol -es decir, en la cárcel-, en un
pozo. Ni el alcalde-promotor ni el
inspector municipal darán la bienvenida al
año electoral de 2007 entre rejas. La
resolución del vitorino magistrado
es la que tocaba teniendo en cuenta que el
gran «cohecho» que provocó la redada modelo
marbellí ha resultado ser una compraventa
elevada a escritura pública ante notario y
declarada a Hacienda. Si bien es cierto que
esta moda de compatibilizar una Alcaldía o
una concejalía con negocios urbanísticos es
repugnante no lo es menos que el caso que
nos ocupa es intosible legalmente en
su columna vertebral. Cosa bien distinta es
que el por otra parte estajanovista Juan
Carrau dé cualquier día con la caja de
Pandora, la abra y salga basura para parar
un tren. Que puede ser.
¿Por qué este
gatillazo? Me da que algún
genio de no sé qué cuerpo del Estado
concluyó que los 738.000 euros que
aparecieron al rastrear las cuentas de
Hidalgo y de la mujer de Gibert constituían
el soborno que habían estado persiguiendo
durante meses y meses con el ahínco que les
falta para empurar a una MAM cuyas
corruptelas cantan a la legua. Tras
auscultar el Registro Mercantil y el de la
Propiedad se tiraron a la piscina: el
ingreso bancario no tenía aparentemente
ninguna justificación. Conclusión: «Es una
comisión». El problema es que las prisas
son malas consejeras o tal vez no querían
que la realidad les estropease tan buena
historia o seguramente las dos cosas a la
vez, el caso es que olvidaron que no
todos los traspasos de acciones de empresas
se comunican al Registro Mercantil. Segundo
olvido: en lugar de pedir cuentas a
los interesados y luego enchironarlos si
procedía, decidieron enchironarlos y luego
pedirles cuentas. Resultado: la
mordida no era tal mordida
salvo que la sofisticación en la
materia haya llegado a extremos que al
limitado coco de este menda se le
escapan.
De momento, pues, el
orgasmazo ético que se antojaba la
Operación Voramar se ha convertido en un
gatillazo de imprevisibles
consecuencias jurídicas y de inevitables
consecuencias electorales -el mal o el bien
ya está hecho-. Gatillazo o no, lo
cierto es que posibilitaría ese Pacte de
Progrés que hace tres semanas era una
entelequia y que hoy es una factible
posibilidad. La entente
Antich-MAM-Egipcio cierra el círculo
diabólico.
Curiosamente, la
Fiscalía puso patas arriba Andratx el mismo
día en que EL MUNDO publicaba a cinco
columnas una encuesta de Sigma Dos que
agrandaba la mayoría absoluta de Jaume
Matas, jibarizaba a esa MAM que está
en todas las salsas y otorgaba un estirón a
Antich. Tres semanas menos un día después
el panorama electoral ha saltado por los
aires: Matas perdería la mayoría absoluta
en el peor escenario y en el regular y la
mantendría por los pelos en el mejor,
Francesc Antich volvería a ser president en
el mejor y en el regular y Maria Antònia
Munar recuperaría de un plumazo los dos
diputados que su galopante corrupción le
había arrebatado.
Vamos, que si la
Operación Voramar tuviera como
objetivo tumbar por las malas a un PP
invencible por las buenas no lo habrían
hecho mejor. Como quiera que bucear en la
conciencia de Juan Carrau, de su jefe
(Conde-Pumpido), del jefe de su jefe
(López-Aguilar) o del jefe de su jefe de su
jefe (ZP) debe ser tan complicado como
hacerlo en la de cualquier otro ciudadano,
me abstendré de caer en la tentación del
voluntarismo. Y empirismo demoscópico en
mano hay una conclusión incontrovertible:
nada es y seguramente nada será igual tras
una peliculesca redada sólo comparable a la
de la Operación Malaya.
Más
casualidades de un malpensado
llamado Eduardo Inda: así como el dibujo
electoral ha dado un giro de 180 grados en
Mallorca, es decir, en la isla en la que se
encuentra Andratx, el de Eivissa y Menorca
permanece prácticamente intacto 20 días
después.
Claro que las sospechas se
aproximan a la categoría de evidencias al
contemplar día tras día el grado de
conocimiento que exhiben los Antich,
Pepiños y cía sobre los pasos que da o deja
de dar la Fiscalía en una exhibición de
información privilegiada que deja chiquita
a la de César Alierta en el caso
Tabacalera. El secretario general del
PSIB balear vaticinó que habría más
ayuntamientos del PP y más altos cargos
encausados y de momento ya hay un director
general más metido en toda esta película,
ese otro Massot director general de
Relaciones Europeas. El eterno estudiante
de Primero de Derecho que es José Blanco
pronosticó anteayer tres cuartos de
lo mismo y me temo que se repetirá la
jugada. De ahí que yo del honesto Carlos
Delgado pondría las barbas a remojar tras
el tan chulesco como calumnioso llamamiento
del PSOE de Calvià para que Anticorrupción
coja la autopista y se quede a medio camino
de Palma. Y si fuera director general del
Govern me hincharía a valiums no vaya a ser
que mi boleto resulte agraciado en esta
tómbola.
Echo el cierre sentenciando
lo obvio: que esto suena a intento de
alterar el natural discurrir de las cosas
electorales, especialmente, tras
desinflarse un globo llamado Voramar. A
seis meses escasos de ese día D que
será el 27-M no puedo dejar de acordarme de
aquel 13-M del «no nos merecemos un
Gobierno que mienta» y del acoso a todo lo
que oliera a PP. El «detén, que algo queda»
podría ser un arma tan involuntaria
jurídicamente hablando como infalible en el
terreno político. Por una elemental razón:
si el caso Andratx queda en agua de
borrajas quedará en agua de borrajas
después del 27-M. ¿Y entonces a quién le
pide cuentas el PP? Muy sencillo: al
maestro armero.
e.inda@elmundo.es