LORENZO MARINAPALMA.– Para este
experimentado policía mallorquín de 47 años
combatir las mafias del juego constituye su
mayor preocupación. Sin embargo, Rafael
Vich (Marratxi, 1959) acumula un dilatado
historial en numerosos destinos. Después de
años trabajando en un zeta en Barcelona
estuvo tres años en el País Vasco entre
1981 y 1983, en los años en los que ETA
asesinaba con más intensidad. Sin embargo,
fue a volver a su Mallorca natal cuando se
sufrió uno de los ataques más graves. Un
botellín de cerveza lanzado desde la grada
le acertó en la cabeza cuando estaba
vigilando en el estadio Lluís Sitjar. Fue
en un partido de Mallorca y el Sevilla. El
árbitro tuvo la ocurrencia de pitar un
penalty en el último minuto contra el
equipo local. El brutal impacto le dejó
varios días sumido en estado de coma.
Con
el paso de los años, su actitud no ha
cambiado. Se sigue considerando un policía
de calle. Desde un lustro combate todo tipo
de mafias del juego en las Islas. Hace un
año se ha convertido en el máximo
responsable de este grupo policial
especializado. El número de jugadores en
las Islas va en aumento.
—¿Qué volumen de
negocio supone el juego ilegal en
Baleares?
— Es una cantidad muy difícil
de calcular. Podríamos estar hablando de
cientos de millones de euros en dinero
negro. Aunque es una cantidad que no se
puede precisar con exactitud. Hay una parte
que es el juego legal que también mueve
mucho dinero, pero está fiscalizado y no
hay ningún problema. Es una de las fuentes
de financiación más importantes. En el
ilegal ocurre todo lo contrario. Un dinero
muy difícil de controlar.
—En el caso de
los juegos de azar, las competencias están
transferidas al Govern...
—En 1995 se
firmó un convenio de colaboración, a través
de Catalina Cirer cuando era consellera de
Interior. El entonces ministro de Interior
y Justicia, Juan Alberto Belloch, el 11 de
enero de 1995. firmó este convenio. A falta
de una policía autonómica, el Grupo de
Juego pasó a prestar funciones al Govern.
Los puntos principales son la inspección,
el control, los fraudes, evitar el juego
clandestino... Y cualquier cosa que el
Govern nos pueda mandar relacionado con el
juego.
—¿Proliferan los casinos ilegales
en Baleares?
El año pasado detectamos uno
en la calle Reina María Cristina. Se
intervinieron cerca de 30.000 euros. Es una
investigación muy compleja. Se trata de una
vivienda, que tenían instalado un servicio
de vigilancia en el exterior. La policía
tiene que contrarrestar todo eso. Hay que
buscar el momento preciso que, quizá, no
sería el más adecuado, para erradicar todo
eso y quitarlo de en medio. Intervenimos un
arma de fuego, una caja fuerte, dos
ruletas, varias mesas de black jack, fichas
y material referente al juego.
—¿Quién
era el cabecilla?
—Desde un primer
momento sospechamos que pudiera estar
implicado un ex crupier, pero de hace años.
Así era. Una persona de más de 50 años que
hubiera trabajado en los años 80. Sacamos
esta conclusión y conseguimos todos sus
datos.
—¿Y cómo captan a los clientes en
un casino clandestino?
—Vía tefefono
móvil. Establecían contactos con personas
de muy alto poder adquisitivo. Según
informes, el dinero que podía mover esta
gente oscilaba entre los 80.000 euros y los
120.000 euros diarios en diversas partidas.
Cuando uno ganaba se iba y se formaba otra
partida. Normalmente, abrían los fines de
semana.
—¿Hay más casinos ilegales en
Baleares de este tipo?
—Es algo que es
bastante frecuente en la sociedad
mallorquina. Hay muchas reuniones donde se
mueve una cantidad importante de
dinero.
—¿A partir de qué momento
estaríamos hablando de un delito?
—Para
cualquier juego en el que se mueva dinero
hay que pedir la correspondiente
autorización. A partir de determinadas
cantidades, ya entraría la Ley de
Contrabando. Hasta 18.000 euros es una
falta y, en adelante, es un delito.
—En
algunas residencias de la tercera edad se
suele jugar al bingo ¿también estaríamos
hablando de un delito o una
falta?
—Depende del montante económico y
si hay una tercera persona que se lucra con
ello. El dinero que se queda la banca, si
revierte en la residencia y no hay
intención lucrativa sobre ellos, no hay
falta ni delito.
—Hace unos años fueron
muy importantes las operaciones en Mallorca
contra las máquinas tragaperras
ilegales.
—Fue muy importante en Manacor.
El inspector Ginés Cruz empezó la nueva
era. En el año 2002 se empezó a regular y
comprobar si las máquinas tenían el boletín
de situación. Se les obligaba a regularizar
su situación. Las infracciones han
disminuido. Los propietarios se han
concienciado de la necesidad de tener un
servicio nítido.
—Pero siguen existiendo
las máquinas tragaperras
pirata...
Tenemos controlado a cuatro
individuos que hace años, a través entonces
de la Comisión Nacional del Juego, se les
denegó la licencia. Alteraban las máquinas
de pistachos y las llenaban de boletos.
Comprabas a un euro el boleto y las
instalaban en bares que no estaban muy a la
vista. Se lucraban ante la ignorancia o el
malhacer de determinados dueños de bares.
Los premios no existían. Debían haber en
cada bombo dos premios de 60 euros, un
premio de 30 euros y otro de 120 euros.
Estaba manipulado todo. En colaboración con
el Govern, hemos actuado en 25 ó 30 bares
contra este tipo de pistacheras.
—¿Qué
tipo de apuestas hace la gente en las
Islas?
—En determinadas localidades se
apuestan viviendas, inmuebles y algún
turismo. Tenemos constancia de que en algún
caso nos han comentado que un hombre se ha
llegado a apostar a la mujer en los juegos
de azar. No lo han denunciado y la primera
interesada debería ser esta mujer en
denunciar los hechos. Pero sí, nos lo han
comentado y es vox populi.
—¿Existe aquí
la ruleta rusa donde la gente se juega la
vida?
—No, de eso no tenemos constancia.
Lo que sí existen en determinados lugares
de Mallorca son las peleas de gallos, donde
se mueve una cantidad importante de dinero.
Montan unos servicios de vigilancia
impresionantes. Hay entraría el Seprona de
la Guardia Civil, la Conselleria de
Agricultura y nosotros por las apuestas que
se mueven alrededor.
—Aparte del montante
económico aquí hay un claro delito contra
la fauna.
—Se trataría de un caso
evidente de maltrato a los animales con
ánimo de lucro que está muy perseguido.
Está tipificado como delito el causar un
daño innecesario a los animales. Es un
nuevo tipo penal que ha entrado ahora en
vigor y deben ser duros con esta
actividad.
—Otro aspecto característico
en Baleares son las distintas
nacionalidades ¿tienen alguna forma
especial de comportarse en el mundo de las
apuestas?
—En el caso de los alemanes,
por ejemplo, alquilaron tres locales —dos
en Ciutat y uno en s’Arenal— en donde
instalaron unos nuevos monitores y, a
través de internet, se hacían diversas
apuestas, tanto de fútbol como de cualquier
otro deporte. La infracción radica en que
se hacen en territorio nacional sin la
correspondiente autorización. Levantamos
acta e informamos a la Conselleria de
Interior. Intervenimos los monitores, mucha
propaganda y boletos. Lo hemos conseguido
erradicar, aunque lo tenían todo muy bien
confeccionado.
—Sin embargo, las apuestas
británicas, sobre todo a las carreras de
caballos, están mucho más arraigadas. Hubo,
hace años, una serie de operaciones en
Magaluf...
—Han intentado en repetidas
veces legalizar su situación, pero no lo
han conseguido. Sobre todo desde el año
2002. Mientras no tengan autorización, y la
legislación no cambie, esta apuestas
seguirán siendo irregulares.
—En verano,
es muy frecuente ver las carreras de
caballo vía satélite en determinados bares
de Magaluf.
—Ver las carreras,
evidentemente, no es delito. La Lo que sí
lo es ilegal son las apuestas. La
infracción es lo que reflejan los monitores
que tienen al lado. En la última operación,
en coordinación con la Conselleria de
Interior, requisamos 11.000 euros que
tenían en caja. Por tanto, las apuestas
igual habían sido mucho mayores. También
tienen encima de las mesas el periódico con
las carreras de caballos. Cada año repiten,
y cada año es más difícil sorprenderlos. No
son personas
problemáticas, aunque no lo
comprenden.—Algunos dueños de bares se han
quejado de algunos chinos. Llegan a un bar,
hablan por teléfono móvil y les vacían la
máquina tragaperras.
—No hay denuncias.
Tampoco hay fraude. Hemos investigado esto.
Hay que tener cuenta que en su país el
juego está prohibido. Por norma, ellos son
muy jugadores. Su cultura está ligada al
juego. Tienen la habilidad para recordar
determinadas jugadas. Han observado una y
mil veces esto. A través del teléfono, se
ponen en contacto con una persona y le dice
que la máquina está en una situación y le
aconseja. De ninguna manera, esto no es un
fraude. Es picaresca, intuición y
habilidad.—¿Sólo se dedican a las máquinas
tragaperras?
—Hemos tenido constancia de
que se mueven también por salones. Han
cambiado. En lugar de ir a título
individual, cuatro o cinco personas se
juegan. Una persona les da dinero, no es
infracción. Normalmente, ganan y les dan el
dinero a esta persona. No es infracción. Si
están obligados no lo podemos
demostrar.
—¿Cuánto tiempo pueden estar
en un local?
—Tenemos constancia de que
una persona ha estado hasta 10 horas
jugando a una determinada máquina. Al ir al
servicio, otra persona le guarda el
asiento.
—Por último, quedarían los
trileros...
—La mayoría son rumanos. Son
problemáticos porque en algunos momentos
pueden utilizar la violencia. Actualmente,
tenemos controlados a 230 trileros rumanos.
Se mueven por la Playa de Palma y Cala
Rajada. Cuando llega el invierno, se mudan
a Canarias para hacer el agosto. También
hay españoles que se dedican a esto. Sobre
todo, en mercadillos. Se trata de una
infracción administrativa.
—Qué tipo de
violencia ejercen sobre las
víctimas.
—Anteriormente no eran tan
violentos. Algunos de ellos arrebatan
violentamente dinero, pueden robar en algún
punto. Damos cuenta al juzgado de guardia
de quiénes son estas personas y les
remitimos las actas. El dinero lo
ingresamos en una cuenta del
Govern.
—Otro de los fenómenos recientes
son las apuestas online a través de
internet ¿qué resultado tiene?
—Se han
convertido en un fenómeno muy peligroso y
muy difícil de controlar. La mayoría de los
servidores tiene fijada su sede en paraísos
fiscales. Gibraltar, Malta o Finlandia son
algunos de ellos. Cualquier persona puede
acceder a internet a cualquier hora del día
o de la noche y apostar sin problemas. Es
muy complicado perseguir a un servidor que
tiene, por ejemplo, su sede en las Islas
Caimán.
—¿Existen también algunas
otras apuestas de alto standing en timbas
de póquer?Es muy difícil de demostrar.
Sabemos que se mueve mucho dinero en
determinadas partidas de póquer. Encima de
la mesa no puede haber una cantidad
superior al salario mínimo
interprofesional. Al tratarse de un
domicilio, es muy complicado encontrar las
pruebas para desmontar una timba ilegal.
También sabemos que en algunas partidas de
golf se han apostado grandes sumas de
dinero. El principal problema que existe a
la hora de investigar estos delitos es la
forma de acreditar estos hechos. No hay
ningún papel firmado.