CARLOS
ÁLVARO
Corresponsal
BERL
ÍN.- A espaldas de la catedral protestante
de Berlín y a pocos metros de la mítica
Alexanderplatz y los inquietantes restos
del Parlamento de la extinta República
Democrática Alemana (RDA), Salvador Dalí se
acerca desde ayer a los ciudadanos de la
capital germana en una exposición con una
amplia selección de sus litografías y
grabados.
Junto a ellos, carpetas de
discos y barajas de naipes diseñadas por
él, pequeñas esculturas, las tres portadas
que Der Spiegel le dedicó en 1959,
1960 y 1984, y algunas de las
performance que realizó en sus
últimos años, incluida una para la revista
Playboy, cuando Salvador Dalí se
convertía a veces en una caricatura de sí
mismo. Entre las rarezas, un anuncio de la
marca de chocolate Lanvin para la
televisión francesa.
Todo ello en un
edificio de tres plantas, con una
superficie de 1.600 metros cuadrados, y en
una exposición dedicada «a todos los
públicos», como aseguró durante la
presentación a la prensa su organizador,
Carsten Kollmeier. Una muestra que ya han
visitado más de 200.000 personas en los
seis años que lleva viajando por Alemania
(Hamburgo, Múnich o Stuttgart) y que por
fin llega a Berlín. Los fondos proceden de
coleccionistas o particulares en su mayoría
franceses.
Sin duda, la joya de la
corona de la exposición son sus primeras
litografías, con las que ilustró la edición
de Don Quijote de la Mancha de
Joseph Foret en 1957, de la que se hicieron
250 copias. Entre las imágenes, el
Caballero de la Triste Figura tornado en
una gran espiral de locura con forma humana
y un minúsculo Sancho Panza a sus pies.