Si no fuera porque estamos ante un
asunto serio y las cuestiones jurídicas
tienen un amplio margen de interpretación,
ya que de otra forma no harían falta ni
fiscales ni jueces y bastaría con la Ley de
Linch -aunque algunos políticos la
aplican a discreción-, deberíamos
considerar que aquí alguien se esta
columpiando. O un fiscal anticorrupción que
hace detener, mete en la cárcel a dos
ciudadanos y los acusa de seis delitos que,
acumulados, podrían llevarlos a la sombra
durante 18 años, o un juez que, aplicando
una rebaja sustancial a las exigencias del
fiscal, los deja en libertad con una fianza
máxima de cien mil euros. A elegir. Pero
no. Probablemente cada uno, fiscal y juez,
estén haciendo honradamente su trabajo, ya
que de otra forma tendríamos que acordarnos
de una palabra muy gruesa que ahora no
viene a cuento, lo cual no quiere decir que
ni uno ni el otro acierten en sus
decisiones.
Los hechos sin embargo,
de momento, no cuadran. Una Fiscalia
Anticorrupción monta una operación sin
precedentes con medio centenar de guardias
civiles de por medio y cámaras de
televisión a granel, para detener a un
alcalde y a un "misus" y
meterlos en la cárcel. Consecuencias
inmediatas: acojone general, acusaciones
indiscriminadas de corrupción hasta del que
compra una bolsa de pipas sin IVA y todo un
presidente de comunidad autónoma que, para
ver de contener una marea que amenaza con
no dejar títere con cabeza, se reúne con un
fiscal general del Estado que aplica la
rebaja del tío Paco. Y un juez que reduce
tan, al parecer, grave cuestión a la mitad
de la mitad de la mitad. Y, claro está, el
asombro general de la ciudadanía queda
garantizado.
El fiscal fiscalizado,
en una actuación calificada como sin
precedentes, arremete luego contra el juez,
en horas veinticuatro de que éste emitiera
su auto rebajando sus exigencias,
argumentando que «la decisión adoptada no
se ajusta a derecho, la fianza es
desproporcionadamente baja y la libertad
pone en peligro la investigación» ¿Quiere
esto decir que el asunto se esta
desinflando? Es aventurado suponerlo.
Porque ninguna de estas actuaciones
presupone todavía la solución final. Lo que
queda claro mientras tanto es que tanto
despliegue mediático parece desmesurado. E
inclina a pensar que a alguna señoría
debieran aconsejarle que inscribirse en
Mira quien baila tiene más
repercusión al tiempo que menos peligro de
embarrar el campo de la Ley.