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  Sábado, 16 de diciembre de 2006 Actualizado a las 01:52
 

LA PREGUNTA DEL MILLÓN - ¿Se desinfla el 'caso Andratx' tras fijar el juez una fianza de 30 a 50 veces menor a lo que pide el fiscal?
Operación Carrau

JOAN PERICÀS



El fiscal Juan Carrau ha afirmado que el despliegue de medio centenar de guardias civiles no fue espectacular. Ha dicho que el espectáculo fue mediático. Sin duda tiene razón y no sólo porque hubiera más periodistas apostados que agentes de la Benemérita para detener a Eugenio Hidalgo, sino porque la Operación Voramar se ha planteado, con intención o sin intención, como un remedo sin folklórica de otras acaecidas allá por el levante español.

El fiscal, por tanto, niega que él haya colaborado en el espectáculo pero, paradójicamente, convoca a los periodistas que todo lo espectacularizan -permítanme el verbo- y pone a caer de un burro al magistrado Álvaro Latorre que ya es «un juez juzgado» ante los medios. Carrau ha dicho que «la decisión adoptada no se ajusta a derecho, la fianza es desproporcionadamente baja y la libertad de Hidalgo y Gibert pone en peligro la investigación». Desde la animadversión que siento hacia Hidalgo, Gibert y compañía -que quede claro-, no estoy de acuerdo con Carrau y creo que el juez, al fijar tales fianzas, no haya hecho más que situar el asunto en sus correctos y ajustados términos. Y desde este punto de vista, sí puede decirse que la Operación Voramar se ha desinflado.

No dudo de la validez de los argumentos de los dos fiscales mediáticos. Todos ellos hubieran sido recogidos en periódicos, radios y televisiones sin necesidad de convocar ninguna rueda de prensa y eso lo saben Carrau y Horrach. Entonces, ¿por qué tomar parte activa en el espectáculo, hasta el punto de convocarlo?

Ahora bien, tampoco dudo de los criterios que han impulsado al juez Latorre a dictar el auto de marras. Quizá, además de no considerar lícito mantener en prisión a los imputados dado que el peligro de destrucción de pruebas ha disminuido, el juez también tenga en cuenta otros factores de peso; por ejemplo, la fuerza real de las pruebas recopiladas para sustentar las acusaciones de la Fiscalía. Porque no debemos olvidar que cuando el fiscal afirma que los imputados han cometido delitos «muy graves que llevan aparejados, por aplicación de las normas del Código Penal, hasta 18 años de prisión» no deja de ser una apreciación del propio fiscal. Habrá que demostrarlo con todas las pruebas. Esa es la gran diferencia entre la ciudadanía y el juez. A la primera no es necesario probarle una acusación, basta con esparcirla.

 
   
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