El anuncio que ha saltado a algunas
vallas publicitarias de Mallorca hace unos
días, nos propone un juego de detectives.
Sobre un fondo azul mar, una frase en
mallorquín que dice: «Los mallorquines son
los mejores». Podría parecer un plausible
modelo de actitud integradora. Por un lado,
quien asume semejante enunciado, parece
declarar su condición de no mallorquín. Eso
nos llevaría a deducir una hipótesis, por
ejemplo que éste es un lema pergeñado por
la Conselleria de Inmigración.
Cuando
llega un lote de inmigrantes a Mallorca, la
administración los acoge, los viste, los
alimenta, les enseña los idiomas
cooficiales, y les hace repetir que «los
mallorquines son los mejores». Más os vale
que se os meta esto en la cabeza, rematan
los educadores del piso-puente. Lo que se
les intenta decir es que tienen una suerte
que no se la merecen, porque han venido a
parar a una tierra de fábula, poblada por
una gente estupenda, la mejor. El Gobierno
educó a los ciudadanos una vez intentado
inculcarles que un turista ha de ser un
amigo. A los inmigrantes les intenta
inculcar que un mallorquín es el mejor
anfitrión. Pero esto sólo es una
hipótesis.
En el juego de detectives,
podemos apuntar otras. Los autores de esta
campaña nos quieren hacer creer que quienes
esto afirman no son mallorquines, pues la
frase dice «los mallorquines son los
mejores», y no «somos los mejores». Lo cual
tiene mucha más fuerza y poder de
convicción, y nos halaga más. Los extraños
nos alaban.
Menos creíble sería que
quien pagase estos carteles fuese un
mallorquín camuflado, o un mallorquín sin
vergüenza que declarase con un par que
«somos los mejores», al estilo Barbie
Presidenta, alguien capaz de decir que Es
Baluard es el mejor museo del mundo. Pero
algo huele mal en ese masculino plural: los
mallorquines. ¿Y las mallorquinas? Aquí hay
un sustantivo elíptico que es la madre del
cordero, y que no va a ser otro más que los
«productos».
Con lo cual destapamos
que no viene nadie de fuera a regalarnos el
oído, sino que la institución de turno se
gasta una pasta para convencernos de que
compremos nuestros productos, mintiéndonos
descaradamente. Barbie ganará algunos
estómagos agradecidos, subvencionando a
dedo a unos tenderos y a otros
organizadores de ferias gastronómicas. Los
mallorquines en general preferimos comprar
productos de la tierra porque son de la
tierra y punto, aún sabiendo que nos son
los mejores. No hace falta que nos engañen.
No hace falta tirar el dinero de esta
manera.
Barbie, que se aplica tan
tenazmente a esta propaganda, no veo que se
ponga nunca unas porqueras. Los
cerdos mallorquines son los mejores, pero
la UE ha dejado claro que los cadalsos
mallorquines no son mejores ni peores, son
simplemente ilegales, y ahora hay que
anestesiar a los puercos antes de hacer las
sobrasadas. Los aullidos mallorquines del
cerdo boca abajo desangrándose son los
mejores, pero van a ser historia.