La heroína es la droga prototípica.
La palabra yonky, que se refiere al
consumidor adicto a una droga, nace de los
adictos a la heroína, al caballo, al
jaco, al horse, que es como
se la denominaba en argot en inglés porque
los consumidores experimentaban la
sensación de irse, de marcharse hacia un
mundo de fantasía a lomos de un caballo
blanco.
Pronto -tras los
agitados años 70, esplendor del caballo-
la heroína quedó estigmatizada como una
droga de marginados, o que marginaba a la
gente, poco elegante y que obligaba a
delinquir para conseguirla.
A
finales de los 80, la cocaína se puso de
moda, con una imagen mucho más guay
que la heroína. Además, el caballo
quedó herido en su imagen por la pandemia
del sida, que se asocia al uso compartido
de agujas. Los 90 han sido los años de la
cocaína.
Ahora, las modas de
ocio ofrecen el riesgo de volver a poner el
caballo de moda. Lo han advertido ya
desde el Proyecto Hombre: No son pocos los
jóvenes que toman cocaína para activarse
en la noche de fiesta y heroína para
desactivarse.
El
problema es que la heroína genera adicción
mucho más rápidamente que la cocaína y uno
puede empezar abrazando la una y quedar
abrazado a la otra sin darse cuenta. El
consumidor del siglo XXI es
policonsumidor.