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  Miércoles, 6 de diciembre de 2006 Actualizado a las 00:39
 

LA PLUMA
Normalidad lingüística

JORGE MONTOJO


O la defensa se ha hecho rematadamente mal o en el Tribunal Superior de Justicia de las Baleares tenemos a una cuadrilla de talibanes catalanistas cuyo imán es el charnego Carod. Porque no se entiende la última sentencia judicial que da la razón al sindicato catalanista STEI y obliga al Govern a contratar sólo maestros que sepan catalán. Lo de la Normalización Lingüística es ya una chorrada porque estamos en manos de los fanáticos de la lengua no ya mallorquina sino catalana. Los satélites de los divisores están bien asentados en las Islas Baleares, especialmente en el noble y universal campo de la Educación, que están manchando con la villanía de una ideología que no va más allá de la tribu.

Naturalmente el nivel académico o la vocación no importan. Sólo es relevante si los maestros hablan catalán, para que así formen un coto cerrado ante las invasiones forasteras y planten frente a los padres que exigen justamente lo que se les prometió y no se cumple por cobardía política: una docencia en la lengua que hablan todos los españoles, en español, porque castellano es el español que se habla en Castilla, pero el español es la lengua de todos los pueblos que se unieron voluntariamente para formar la nación más antigua de Europa. En Italia, pueblo mucho más práctico que afirma que el dinero no da la felicidad pero calma los nervios, no se hacen semejantes pajas mentales. Pero en fin, no hay duda de que eso que querer imponer una lengua por cojones, como pretenden hacer los nacionalistas, no deja de ser muy español. La actitud del converso siempre ha pasado por ser más papista que el papa, tocapelotas sin pelotas, aburridos savonarolas que portan la cruz de la intransigencia.

Caín debía ser íbero porque aquí no hacemos otra cosa que dividirnos. La envidia, el miedo y el odio a lo diferente quieren hacer naufragar a las Españas y regresar, en plena era globalizadora, a los reinos de Taifas.

La injusta sentencia sobre los maestros es la última boutade. Pasará igual que con los músicos, a los que exigen que hablen catalán para tocar las universales notas. El triunfo de lo paleto, o sea.

Me encantó la respuesta de una dama mallorquina a unos periodistas catalanes que pretendían ensalzar la historia de su apellido con fines divisores. «Mi familia lleva más de setecientos años en Mallorca. Sin duda muchos más que los que llevan sus dirigentes en Cataluña. ¿Por qué entonces no me dejan considerarme mallorquina?» Genial.

En Baleares se habla libremente en la calle. La cortesía de sus gentes y el interés de un diálogo comprensible permite pasar de una lengua a otra sin complejos. Pero ahora tenemos a políticos y maestrillos que se empeñan en torcer lo que iba bien. No hay quien les comprenda.

 
   
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