LORENZO MARINA
PALMA.- A
María le han roto la cara. Con el
miedo aún en el cuerpo, espera en Son
Dureta a que la puedan operar. Esta mujer
tuvo la osadía de denunciar, junto a otros
vecinos, los trapicheos de los
camellos de Son Gibert. Uno de los
narcos le fracturó un pómulo de un
cabezazo y de un puñetazo. Ella quedó
tendida inconsciente en el suelo.
El
pasado lunes los vecinos de Son Gibert
tenían previsto reunirse en el barrio. El
orden del día: el aumento del tráfico de
droga y los continuos actos vandálicos en
el barrio.
María, nombre
ficticio tras el que tratar de ocultarse,
no pudo acudir a la reunión. Sobre las
14.30 horas del pasado lunes se produjo la
agresión.
El agresor esperaba a la
víctima en la puerta de su casa. «Me puso
la cara pegada a la mia y me dijo '¡que sea
la última vez que me llama la atención!'»,
recordó ayer esta mujer desde la habitación
de Son Dureta en la que está
ingresada.
El atacante no le dio
tiempo alguno a reaccionar. «Le dije que me
iba a trabajar y me golpeó», subrayó
María. Como consecuencia del
violento impacto, la mujer cayó desplomada
en la calle Plataners sangrando
abundantemente por la cara.
A
primeros de noviembre, un grupo de vecinos
decidió hacer frente al continuo tráfico de
drogas y los actos vandálicos ante sus
propios ojos. «Entonces le dijimos al que
ahora es mi agresor que ibamos a llamar a
la policía. Él no tuvo otra reacción que
bajarse los pantalones y enseñarnos el
culo», puntualizó.
Unos instantes
después, una patrulla del Cuerpo Nacional
de Policía apareció por el lugar. El grupo
de camellos no tardó en dispersarse por las
calles más próximas. Eso sí, uno de ellos
se juramentó para vengarse.
Un mes
después se tomó cumplida venganza
propinando un fuerte golpe a la vecina.
Además, la intención es que sirviera para
amedrentar a todo el resto del
vecindario.
Tras la brutal agresión
en plena calle, la mujer fue conducida a
Son Dureta para que fuera intervenida
quirúrgicamente. El golpe le ha fracturado
el pómulo. Sin embargo, el fuerte hematoma
que aún presenta le impide todavía pasar
por el quirófano de cirujía
maxilofacial.
Hace unos días, varios
policías se presentaron con un álbum de
fotografías en la habitación del centro
sanitario. Tras hojearlo, María
reconoció, sin ningún género de dudas, al
que había sido su agresor. Tiene en su
haber antecedentes por tráfico de drogas.
Algo que ya le ha llevado a pisar la
cárcel. Los agentes del Grupo de Homicidios
del Cuerpo Nacional de Policía se encargan
de la investigación para dar con el
paradero del presunto agresor.
Nada
nuevo entre los habitantes de un núcleo de
inmuebles del Instituto Balear de la
Vivienda (Ibavi) en Son Gibert. De hecho,
el padre del presunto agresor, conocido
como Frasco, también ha pisado la
cárcel por un idéntico
motivo.
Vandalismo
Ademá
s del tráfico de drogas, la continua
sucesión de actos vandálicos en el barrio
acaparan los quebraderos de cabeza de los
vecinos. Furgonetas, ciclomotores y coches
han sido calcinados por incendios
inequívocamente intencionados.
Las
avenidas de Son Gibert también se han
convertido en escenario de carreras de
ciclomotores y coches. De hecho, este
barrio repleto de Viviendas de Protección
Oficial se ha convertido en un
gueto.
Muchos de sus vecinos han
accedido a las viviendas a través de
programas de integración. Son Banya, Son
Gotleu o La Soledad son sus barrios de
procedencia. Muchos de ellos no tienen
oficio conocido, aunque los vecinos sí
saben a ciencia cierta cuál es el origen de
sus ingresos: el tráfico de
drogas.
El único consuelo que le
queda a María es que la agresión que
ha sufrido no sea en balde. Al menos, que
sirva para poner fin a la degradación del
barrio.