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  Miércoles, 6 de diciembre de 2006 Actualizado a las 23:11
 

Marina Rossell revitaliza la habanera y se rinde a Carlos Cano en su nuevo álbum

En 'Vistas al mar', de intensas resonancias latinoamericanas, colaboran Sisa y Paco Ibáñez


MAURILIO DE MIGUEL

MADRID.- Tantas veces llegan las olas a las playas cubanas que conviene decir, de una vez por todas, que La Habana no está bañada por el Caribe, sino por el océano Atlántico. Y que, en consecuencia, acuñó hace ya mucho su propio lenguaje musical patronímico, la habanera, lenguaje que a Marina Rossell le ha inspirado su nueva entrega discográfica titulada genéricamente Vistas al mar.

«He buscado en ella el trabajo monográfico sobre un género que a mí me gusta recordar con sus raíces coloniales. Un género del que derivaron con el tiempo el tango y el danzón», comienza señalando la cantautora catalana.

«El músico y arreglista Maurici Villavecchia, más el también multiinstrumentista Eduard Iniesta, vinieron a ser mis compañeros de viaje en esta grabación, en la que los tres hablamos de texturas, sabores y temperaturas, como cocineros. Sólo después pasamos a tratar de cifrados y partituras...», advierte asímismo Marina.

Por tanto, no sería descabellado decir que su lanzamiento huele a mar, desde la propia carátula, teniendo además en cuenta que anuncia una sesión de fotos llevada a cabo en el Consorci dei Far, astillero de la Barceloneta donde los jóvenes más desfavorecidos se esfuerzan en reparar y construir barcos.

Y es que, según comenta la cantautora, «también me he dedicado en este álbum a reconstruir; en mi caso, composiciones muy añejas, aparte de incluir en él canciones de mi propia cosecha, Ruta de estrellas y De qué hablas habanera, cuya interpretación junto a Carlos Cano rescato para Vistas al mar».

Ruta de estrellas junto a Paco Ibáñez, El adiós del soldado mano a mano con Sisa, la composición anónima que La bella Lola con el grupo Port Bo, el citado dúo con el malogrado Carlos Cano, maestro del género mientras vivió... Hasta en cuatro cortes del álbum se hace acompañar de amigos Rossell, en una grabación que comprende compases de habanera cubana, pero también con pedigrí en Latinoamérica.

Así lo explica la artista: «Mi grabación presenta tres bloques de canción bien diferenciadas. Uno recrea clásicos del género en estado puro, como La bella Lola, La golondrina y La paloma. Otro rastrea los orígenes mexicano y colombiano de piezas como Guarda esa flor (con la voz de Cristina Vilallonga) y El adiós del soldado, respectivamente. Y la de más allá se plantea homenajes al género como el acometido con Carlos Cano, Carbón de ron, que habla sutilmente de pateras, y Ruta de estrellas, tema nacido, por otra parte, al calor de mi reciente viaje a Ciudad Juárez para denunciar sus feminicidios, con la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género.

'Tempo' cromático

La manera de respetar la habanera como género, a juicio de Marina Rossell, pasa por no salirse de su tempo cromático, a la hora de actualizarla con emociones, miradas propias y acústicas propias... Es decir, sigue pidiendo, ritmos de dos por cuatro, para diferenciarse del tres por cuatro propio del bolero, cadencia romántica en expansión con la que a menudo se le ha confundido o asimilado. «La habanera resulta mucho más evocadora que el bolero, formato musical narrativo por excelencia. Tiene más de ensoñación en sus desarrollos literarios», explica Marina. Y termina argumentando: «Obedece al placer de recrear lo ya oído y sentido. Ésa es la base de mis reinterpretaciones».

Un ramillete de melodías con perfume de receta muy personal, que se edita no sólo en la Península, sino además en Canadá, Francia y Estados Unidos, dispuesto a ser interpretado desde estas mismas semanas con piano, acordeón y familia de guitarras mediterráneas, a la hora de entronizar la voz de sirena que sigue caracterizando a la cantautora. No en vano, Marina Rossell acaba de ser la artista invitada de la mexicana Lila Downs en Barcelona.

 
   
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