M. T.
PALMA.- María Vich lleva más
de seis décadas entregada a la pintura y la
edad no merma las ganas de experimentar.
«Sigo buscando diferentes técnicas, si no
el trabajo se vuelve aburridísimo». En la
Fundación Barceló muestra desde ayer
Monotipos, un buen puñado de obras
nacidas, precisamente, de la investigación.
Todas datan del periodo comprendido entre
1971 y 1985.
Fue a principios de los
70 cuando la artista decidió regresar a la
pintura tras la muerte de su padre. «Todo
cambió, ya no me servía dominar el dibujo y
empecé a desdibujar. De ahí surge la manera
más dificultosa, complicada y trabajada que
he conocido». La artista se refiere al
método de las obras que expone en la
Fundación Barceló. Dibujaba sobre un
cristal, lo pintaba con suficiente empaste
para después extenderlo en tela o papel.
Así, daba una nueva dimensión a un arte que
ya hubiera dado por acabado. «Gracias a esa
técnica, creaba nuevas obras con diferentes
sugerencias y matices y entidad
propia».
Hoy, viéndolas colgadas, las
revive con «tanta ilusión y esfuerzo» como
cuando las creó. Pegada a la figuración, a
María Vich le gusta «contar cosas», beber
de lo cotidiano. Por eso, sus cuadros están
llenos de juegos de niños, bautizos, gente
en la playa, labores campestres o
procesiones. «Me gusta la vida», concluye.
¿Cuándo?: hasta el 19 de
enero. De lunes a viernes de 10.30 a 13.30
y de 17 a 20 horas. Sábados hasta las 13.30
horas.
¿Dónde?: en la
Fundación Barceló.