El problema que atesora el instinto
cuando viene generado por el triunfo, es
que te ves obligado a seguir su dictado
hasta el final por aquello de pensar que se
van a repetir los momentos de gloria. Ni
Baleares es Cataluña, ni el nacionalismo
por estos pagos es un negocio tan redondo
como el que intuyó el olfato de un banquero
en quiebra, al percibir lo que podría
obtenerse trabajando el ego de sus
congéneres.
La irrupción de Ciutadans
en el panorama político de nuestra vecina
mini-nación ha hecho concebir esperanzas
desmesuradas en el contexto público balear,
sin considerar «que ese plano mental de
posible ocupación» aquí prácticamente no
existe. La intervención de Albert
Boadella fundador de este creativo
movimiento en el foro que organizó en su
momento EL MUNDO/ El Día de Baleares,
contempló una de las asistencias más
numerosas que se han conocido. Llegados
aquí, es preciso recordar que el público
que acudió al citado acto era del PP
mezclado con otro del llamado segmento
liberal y acompañado de unos pocos
intelectuales de izquierdas con sentido del
humor que también los hay.
El PP de
Baleares mantiene un perfil que aparece con
menos soberbia que la imagen ofrecida por
José María Aznar en la última
legislatura, sin seguir a ciegas
inclinaciones tan inapropiadas como la que
representó el apoyo dispensado a la guerra
de Irak o la dejación que supuso la no
ordenación de las parejas de hecho. El
inquilino de La Moncloa se aprovechó de
estas desviaciones y que Rajoy se
presentara acompañado por una guardia
pretoriana como la que representa
Zaplana y Acebes, hizo el
resto. (¿Por qué no los suplió por María
San Gil y Esperanza
Aguirre?).
El aire de Ciutadans
de Baleares aquí lo respira el PP y admitir
que el partido liderado por Albert
Rivera se transforme en la segunda
versión de Clau, solo es cuestión de
interpretar la psicología de nuestros
conciudadanos. El nacionalismo en Baleares
ha conocido un proyecto serio y fue el que
representó en su momento el PSM. Unirse a
otras figuras ideológicas con tal de arañar
un poco de representatividad, ha sido el
principio de su fin. Establecer una acción
puntual al objeto de neutralizar a UM,
-paradigma del oportunismo en grado
superlativo- es innecesario, su propia
dinámica para saber cuál es el movimiento a
realizar con el único objetivo de
permanecer hace que la imagen se vaya
deteriorando lastrada por los intereses.
Los hay que advierten que Ciutadans
llevaba inherente un mensaje de izquierdas
que la propia izquierda se encargaría de
apuñalar. Algo hay. El acervo de esta
formación es esencialmente un pensamiento
de sentido común, cuyo fin es intentar que
España no se transforme en un parque
temático tipo Disneylandia con 17 banderas,
17 himnos y 17 dialectos, todo para
justificar la creación de 17 mini-naciones.
Es un hecho, algunos políticos se han
distanciado de las problemáticas reales
para obtener más poder a través de la
segregación y el ciudadano alienado por el
pago de los impuestos, los gastos
corrientes y las hipotecas se lo está
permitiendo.
El futuro de Ciutadans
pasa por ampliar el espectro pero sin
participar en el poder ya que acabaría
contaminándose -reproducir el tripartito
catalán ha sido impresentable-. Mientras
tanto en Cataluña, el País Vasco, Galicia y
actualmente Andalucía con la realidá
nacioná, pueden hacer una excelente
labor. Baleares felizmente todavía no está
inmersa en la espiral de la tontería, por
lo que tampoco es cuestión de quemar
energías cuya utilización se precisa en
otros lugares.