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  Miércoles, 15 de noviembre de 2006 Actualizado a las 01:19
 

El circo llena de música y color la vida de 400 discapacitados

S'Institut y la Fundación Solidaridad estuvieron a su lado


LOURDES REYNES

PALMA.- «Había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón». Esta canción popularizada hace años por unos famosos payasos, fue ayer fiel reflejo de una jornada muy especial para cerca de cuatrocientos niños y jóvenes con discapacidad física, psíquica o sensorial, que acudieron al circo Williams gracias al apoyo y ayuda de S'Institut y la Fundación Solidaridad del grupo Carrefour.

Una mañana inolvidable que comenzaba al mediodía con la llegada de los pequeños y jóvenes en un gran número de autobuses procedentes de distintos puntos de la Isla, y siempre acompañados de cuidadores, voluntarios y familiares que se desvivían para que este día fuera sin duda, entrañable.

El show no se hizo esperar y una vez acomodado el numeroso público en una inmensa carpa cuyos accesos estaban perfectamente habilitados para sortear todo tipo de dificultades que muy a menudo se encuentran en su día a día, la música y los atronadores aplausos dieron la bienvenida a una serie de actuaciones que no dejaron a nadie indiferente.

El salto al escenario de un domador de fieras entre las que había un grupo de pumas, leopardos y tigres dejó a más de uno atónito aunque sin duda, la función más aplaudida y vitoreada fue la de una intrépida malabarista de nombre Victoria, que a golpe de rumba animó aún mas si cabe a un auditorio entregado, poco acostumbrado en su difícil rutina a momentos de ocio y fantasía como los vividos en la jornada circense de ayer. Conscientes de ello son las asociaciones que los acompañaban en esta excursión como Aspace, Amadip, Mater Misericordia, Once o Juan XXIII, entre otras, que abren camino a estas personas con discapacidades sean del grado que sean, para que puedan disfrutar de pequeñas cosas que para ellos son muy grandes.

En este sentido se pronunció también el presidente de S'Institut, Antoni Serra, al manifestar «su apoyo a actividades de este tipo, en el ámbito del ocio, que es precisamente lo que en ocasiones no tienen. A veces abrimos caminos cambiando pequeñas cosas». Muestra de ello eran los rostros entusiastas de muchos de los chicos que a pesar de su discapacidad participaban del espectáculo bien desde sus sillas de ruedas o acomodados junto a sus familiares y cuidadores, y no perdían detalle de las diferentes actuaciones que se iban representando.

Y es que la jornada vivida ayer, seguro que alivió de alguna forma el sufrimiento de estas casi cuatrocientas personas y especialmente el de su entorno familiar en una mañana de circo que puso por unas horas música y color a sus vidas.

 
   
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