LOURDES REYNES
PALMA.- «Había una
vez, un circo que alegraba siempre el
corazón». Esta canción popularizada hace
años por unos famosos payasos, fue ayer
fiel reflejo de una jornada muy especial
para cerca de cuatrocientos niños y jóvenes
con discapacidad física, psíquica o
sensorial, que acudieron al circo Williams
gracias al apoyo y ayuda de S'Institut y la
Fundación Solidaridad del grupo
Carrefour.
Una mañana inolvidable que
comenzaba al mediodía con la llegada de los
pequeños y jóvenes en un gran número de
autobuses procedentes de distintos puntos
de la Isla, y siempre acompañados de
cuidadores, voluntarios y familiares que se
desvivían para que este día fuera sin duda,
entrañable.
El show no se hizo
esperar y una vez acomodado el numeroso
público en una inmensa carpa cuyos accesos
estaban perfectamente habilitados para
sortear todo tipo de dificultades que muy a
menudo se encuentran en su día a día, la
música y los atronadores aplausos dieron la
bienvenida a una serie de actuaciones que
no dejaron a nadie indiferente.
El
salto al escenario de un domador de fieras
entre las que había un grupo de pumas,
leopardos y tigres dejó a más de uno
atónito aunque sin duda, la función más
aplaudida y vitoreada fue la de una
intrépida malabarista de nombre Victoria,
que a golpe de rumba animó aún mas si cabe
a un auditorio entregado, poco acostumbrado
en su difícil rutina a momentos de ocio y
fantasía como los vividos en la jornada
circense de ayer. Conscientes de ello son
las asociaciones que los acompañaban en
esta excursión como Aspace, Amadip, Mater
Misericordia, Once o Juan XXIII, entre
otras, que abren camino a estas personas
con discapacidades sean del grado que sean,
para que puedan disfrutar de pequeñas cosas
que para ellos son muy grandes.
En
este sentido se pronunció también el
presidente de S'Institut, Antoni Serra, al
manifestar «su apoyo a actividades de este
tipo, en el ámbito del ocio, que es
precisamente lo que en ocasiones no tienen.
A veces abrimos caminos cambiando pequeñas
cosas». Muestra de ello eran los rostros
entusiastas de muchos de los chicos que a
pesar de su discapacidad participaban del
espectáculo bien desde sus sillas de ruedas
o acomodados junto a sus familiares y
cuidadores, y no perdían detalle de las
diferentes actuaciones que se iban
representando.
Y es que la jornada
vivida ayer, seguro que alivió de alguna
forma el sufrimiento de estas casi
cuatrocientas personas y especialmente el
de su entorno familiar en una mañana de
circo que puso por unas horas música y
color a sus vidas.