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EL MUNDO OPINA
Nueva contradicción
Todos los partidos políticos sin
excepción procuran atraer el máximo de
militantes o simpatizantes a sus filas. La
intensidad de la campaña es proporcional a
la cercanía de las elecciones. Unos
utilizarán el gancho mediático y el carisma
de su líder en los medios de comunicación
audiovisuales, otros, con menos suerte y
medios, la campaña puerta a puerta para
darse a conocer entre la profusión de
siglas que desfilan hacia la convocatoria
electoral. El caso que nos ocupa merece una
atención especial no por el procedimiento
utilizado sino por la clamorosa
contradicción en la que ha caído Maria
Antònia Munar. Con el eco todavía cercano
de su mensaje en clave claramente xenófoba
pronunciado con motivo de la pasada Diada
de Mallorca, el partido que preside ha
comenzado la operación inmigrante.
Como ya hizo en su día con los cazadores de
Mallorca. La estrategia de Munar consiste
en fichar a los asistentes que acuden a las
fiestas latinoamericanas patrocinadas por
UM para volcar a este colectivo en
su base de datos del partido y así poder
remitirles propaganda política con las
correspondientes papeletas de voto si se da
el caso. ¿En qué quedamos? El partido de
Munar ha entrado en una dinámica muy
peligrosa que le llevará a no reconocerse
ni a sí mismo. La sociedad ha madurado lo
suficiente para desconfiar de unos
políticos que por la mañana dicen una cosa
y por la tarde hacen lo contrario. Tiempo
al tiempo.
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