RICHARD MOSSE
La caja
blanca. Hasta el 30 de noviembre
ASUN CLAR/ CARLOS JOVER
PALMA.- No
sólo son las imágenes que Richard Mosse
(Kilkenny, Irlanda, 1980) va seleccionando
inquisitivamente en los viajes que realiza
a enclaves especialmente seleccionados,
sino también el testimonio que él mismo
recoge de los protagonistas de estos
lugares, los que componen de un modo
conjunto toda una obra con la que logra
enfocar otras visiones sobre los
acontecimientos que narra. Esta narración
que está implícita en las fotografías mudas
y en las imágenes de los vídeos es como una
voz en off que rasga la pantalla en la que
se está proyectando una película
excesivamente mediatizada por la prensa, a
la que asistimos como espectadores pasivos.
Son los escenarios heridos por las
guerras, por los terremotos o por los
enfrentamientos sociales y políticos, los
que dejan marcado el rostro no sólo de los
protagonistas, sino también del paisaje
urbano, desmoronado tras ser sacudido por
la violencia. No llega a ser una poética de
la ruina, aunque el resultado estético de
sus imágenes pueda mostrar aspectos
plásticos atractivos, ya que los
acontecimientos que las han provocado
remiten a tragedias ya conocidas (aunque
sea de pasada) a través de los medios de
comunicación.
El monopolio de la
información recibida, sobre todo de hechos
muy distantes, impide que se contrasten.
Los afectados no tienen voz y las imágenes
son sólo parciales. El artista, al servicio
sólo de sus objetivos, actúa dando otras
voces y otras miradas distintas a las ya
conocidas, tratando así de completar una
realidad que es siempre múltiple.
El
arte como denuncia frente a la manipulación
de los medios al servicio del poder es uno
de los temas recurrentes en el arte
contemporáneo; no sólo se utilizan
reveladoras imágenes manipuladas, sino que
también se actúa como cronista. El
fotoperiodismo elevó este registro a
categoría artística, y es esta actitud la
que ahora retoma, consciente desde el
principio, Richard Mosse.
Este tipo
de propuestas actualizan la labor del
artista como testigo incómodo de la
realidad. Los instrumentos han cambiado y
ya no son los pinceles los que proponen
retratos sarcásticos de la realeza o de las
costumbres de sus convecinos, sino la
fotografía y el vídeo los que dirigen la
mirada crítica al entorno. Si antes se
ironizaba sobre la sociedad a la que
pertenecía el artista, en la que él mismo
estaba inmerso, la reducción del mundo a
aldea global permite ahora que dirija su
mirada hacia ámbitos que aunque le queden
muy lejos, no le son en absoluto ajenos.
Son las mismas localizaciones que merecen
atención en las noticias, pero las
versiones no son las mismas.
De este
modo se convierte en reportero y acude él
mismo a lugares en conflicto. Este
activismo cercano al periodista gráfico le
valió inicialmente la reprobación de los
profesores de la prestigiosa Goldsmiths
University, (en la que también se formó el
controvertido colectivo de los Young
British Artists), pero la selección en 2005
por Bloomberg New Contemporaries como uno
de los mejores artistas emergentes, ha
reconsiderado y respaldado esta mirada
crítica y plural.