MARCOS TORÍO
PALMA.- Ximena
Yutrovic habla en su estudio de Palma
mientras amasa la base de sus obras. Es de
las que prefiere expresarse con el arte
antes que con las palabras. Más bien es que
su discurso está en las pinturas y
esculturas que salen de sus manos. «Nadie
cuenta todos sus secretos», asegura
desvelando con qué materiales está creando
la masa de sus cuadros. Serrín, cola,
harina de fósil, maré, arena y para de
enumerar. Con ellos confiere formas y
volúmenes a una obra eminentemente
matérica, figurativa con reminiscencias del
arte antiguo, de lo arcaico. Lo mismo bebe
de la pintura rupestre que se vale del
espíritu del Renacimiento y el
Barroco.
Ultima 35 obras que, bajo el
título de La última cena, va a
exponer en la galería Fran Reus durante un
mes. La inauguración tendrá lugar el jueves
9 a las 20 horas. La inspiración de esa
última cena cristiana reside en el
ambiente, en los materiales, pero se
desprende de su carácter religioso y se
actualiza en los detalles. Copas, platos,
ropajes y otros elementos se presentan con
un aspecto contemporáneo, actual. «No
dejamos de estar en la época de Cristo. El
humano sigue siendo igual, se preocupa por
las mismas cosas y sus voluntades se
mantienen. Las energías se van
transformando y el cambio está en el avance
de la tecnología». Con esa idea, su interés
se centra en que «la gente aspire lo viejo»
y disfruta mostrando objetos
«petrificados».
La idea del paso del
tiempo no se vive en Ximena con nostalgia,
miedo o incertidumbre. Tiene un componente
romántico. Las esculturas se presentan con
un aspecto envejecido que «las acerca a los
fragmentos arqueológicos». Y añade: «Me
interesa y me inspira lo antiguo con un
enfoque actual». Por eso, muchas de las
obras están terminadas con un brillo que
aporta «la fantasía».
Al meter la
mano en la pasta siente «lo prehistórico» y
como «si trabajara en las cavernas». Las
superficies irregulares, los grumos, las
pequeñas piedras se incorporan al lienzo
porque «la imperfección es natural y en
ella está la base de la felicidad y la
belleza». Así, los objetos en sus cuadros
desdeñan la simetría, las líneas rectas y
la obsesión por el realismo. Copas y platos
se tuercen y las perspectivas desafían al
espacio.
La última cena nace también
del interés que los templarios despiertan
en Ximena, aunque no hay «ningún tipo de
análisis filosófico» en sus obras, sólo
inspiración en el bullir de las creaciones.
«La Historia es diversa y subjetiva y es
bueno conocer todos los puntos de vista.
Todo puede ser verdad. Eso me lleva a
pensar que cada vez más en quien hay que
creer es en uno
mismo».
¿Cuándo?: inauguración
el jueves 9 a las 20
horas.
¿Dónde?: en la galería
Fran Reus.