MIREYA ROURA
FORMENTOR.- Sobre la
reintroducción de la foca monje,
Monachus monachus o «vell
marí», en Baleares se ha hablado largo
y tendido. Y lo cierto es que el proyecto
impulsado por el Govern en 2004 ha desatado
tanto entusiasmo, como críticas y
escepticismo. En este contexto, la
presencia en el Congreso El Rumbo del
Arca de Daniel Cebrián, experto en foca
monje, no puede pasar desapercibida. En su
opinión, la reintroducción de esta especie
es viable siempre y cuando se «eliminen»
las causas que provocaron su extinción.
Se considera que el Vell Marí
desapareció totalmente de las Islas en los
años 60. Según el estudio de viabilidad de
recuperación de la foca monje elaborado por
el biólogo Joan Mayol, fue la caza masiva y
la persecución del hombre la principal
causa de regresión. Sin embargo, la pérdida
del hábitat y las capturas accidentales en
redes de pesca también acrecentaron el
proceso.
«Para que el proyecte
funcione tienen que haberse eliminado todas
estas causas», apuntó Cebrián quien, sin
embargo, matizó que existe un factor nuevo:
la presión humana en la costa. En cuanto a
la propuesta del Govern de reintroducir el
Vell Marí en el Parque Nacional de Cabrera,
el experto consideró que la protección ya
es un buen punto de partida. No obstante,
opinó que sería necesario establecer
medidas previas, dado que la foca monje se
mueve bastante.
¿De dónde se
extraerán los ejemplares para introducirlos
en Baleares?. La respuesta a este
interrogante sigue siendo el factor
limitante de la operación. La foca monje
está incluída entre las 12 especies
mundiales que corren más peligro de
extinción. Así lo considera la Unión
Internacional por la Conservación de la
Naturaleza (UICN). La población mundial
ronda los 400 ejemplares; unos 130-150
viven en el Mediterráneo occidental (Grecia
y Turquía y Marruecos).
«Al
contrario de lo que piensa la gente, una
especie se extingue progresivamente. Y
cuando quedan cinco ejemplares, puedes
considerarla desaparecida. Entonces puedes
trasladar esos individuos a un lugar más
idóneo», explicó Cebrián. De todas formas,
estos movimientos se complican cuando hay
fronteras por enmedio, «ya que ningún país
está dispuesto a aceptar que se ha
extinguido una de sus especies».
La
otra posibilidad está en la translocación,
la captura de animales en un lugar para
repoblar otro. El problema reside en que
este núcleo poblacional donante debe ser
suficientemente estable para que la pérdida
de individuos no signifique también su
extinción. Y es que no sólo cuenta el
número de individuos. También se ha de
garantizar la variabilidad genética de la
población que da y de la que recibe.
De ello a que la puesta en práctica
de la translocación plantee interrogantes
del tipo: ¿Podrá sobrevivir la población
donante después de perder individuos?.
De allí a que la translocación
siempre haya sido motivo de controversia en
el mundo científico. Según Cebrián, en la
actualidad no existe todavía una población
que pueda actuar de donante. «El hábitat de
cría del núcleo de foca monje en el
Mediterráneo Occidental todavía es muy
reducido. Habrá que esperar a que se
alcance el nivel máximo», dijo.
Daniel Cebrián es director del del
Programa de Recuperación de Especies del
RAC /SPA (Centro de Actividad Regional para
Áreas Especialmente Protegidas) que es un
organismo vinculado al programa
medioambiental de las Naciones Unidas
(UNEP). En su conferencia en El Rumbo
del Arca el experto explicó que es
necesario acabar con el mito de que la foca
monje «va a buscar» peces a las redes de
los pescadores.
Según dijo, el Vell
Marí gasta más energía en el esfuerzo que
supone buscar redes que buscándose su
propio alimento. Dado que los animales
descansan y se reproducen en cuevas, el
biólogo propuso alejar las redes de su
medio terrestre para evitar conflictos.