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LA MIRADA
Matas in love
JAVIER LEGORBURU
«Mi mujer es mi princesa». Algunos han
puesto en solfa la declaración amorosa de
Jaume Matas a su señora esposa a
través de la entrevista que le hiciera la
revista Lecturas. Creo que alguien
que tiene el valor de confesar que le
temblaron las piernas la primera vez que
asistió a un Consejo de Ministros tiene que
ser muy sincero. Me refiero sincero en el
ámbito de lo privado, porque un político,
ya se sabe, es un mentirosillo por
definición; unos, más; otros, menos; con
montajes notariales o sin ellos. Sobre
sincero, Matas tiene que ser un hombre
feliz, o al menos eso es lo que desprende
su cálida sonrisa. De los caracteres
negativos del pueblo mallorquín -otro día
veremos los positivos- uno es la tacañería
y otro la represión de los sentimientos.
Tengo para mí que a Jaume Matas no le
aquejan ninguno de los dos. Seguro que es
un hombre generoso y seguro que
frecuentemente le recuerda a su mujer lo
mucho que la quiere. Cuando alguien emite
cualquier signo de amor, y particularmente
si éste viene de un político, me
enternezco, porque eso lo humaniza y no
existe, a la postre, nada más valioso. Creo
que nuestro presidente va a dejar de serlo
próximamente; creo que el destino tiene sus
propias reglas, y ahora toca que se
derrumbe una Nación y se creen taifas
gobernados por mindundis vanidosos,
codiciosos, rabiosos, intolerantes,
sectarios e incapaces. Matas dejará de ser
presidente debido a estos tres factores: su
pacto con una impresentable transportista,
la falta de mercadotecnia para vender la
autovía de Ibiza y la comprensión con los
corruptos, pero siempre... le quedará el
amor. Y del bueno.
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