Llegó la hora de la verdad. El domingo
en el circuito de Cheste, en Valencia,
Jorge Lorenzo tendrá la gran oportunidad de
su vida. Proclamarse campeón del mundo de
la cilindrada de 250 c.c. de motociclismo.
Hará quince días en Estoril, la
suerte, una mala planificación o un exceso
de responsabilidad hicieron que no se
pudiera cantar victoria. Ahora ya no valen
las excusas. Lorenzo tiene que demostrar
que es mejor que Dovizioso. Todo está de su
lado.
No me cansaré de repetir que
Lorenzo no tiene carisma en la isla. Quedó
demostrado en el pabellón de Inca con el
poco público que fue a presenciar la
prueba. Pero ésto no quita que queramos que
un mallorquín (aunque afincado en
Barcelona) pueda pasear el título de
campeón del mundo por todo el
país.
De conseguirse todo esto, que
se conseguirá, se tendrá que hacer memoria
de quienes han logrado que esto sea una
realidad. Las discusiones sobre el entorno
familiar han pasado a un segundo plano.
Creo que todo eso no fue bueno para el
chaval, que de la noche a la mañana se vio
envuelto en algo en lo que él no tenía nada
que ver. Supongo que hubo sufrimiento, pero
al final y gracias a los buenos consejos de
su representante, pudo salir hacia
adelante, cambiar de carácter y llegar a
donde ha llegado.
Esta semana, y de
manera muy correcta, su equipo ha decidido
apartarlo del mundanal ruido. Incluso se
desconocía dónde estaba, porque no se
quería que nada ni nadie entorpecieran su
preparación. Hasta el punto de que siempre
los jueves solía acudir al circuito donde
corría, cosa que ayer al parecer no hizo.
La idea es buena. Suponemos que todo
el movimiento mediático e incluso político
hizo que pesase mucho la responsabilidad.
Dejémoslo solo. Que corra, que es lo que
tiene que hacer. Después le daremos la
enhorabuena, celebraremos el éxito, la
daremos una placa, y a seguir la vida. Eso
sí, promocionando a los jóvenes valores que
tenemos en la isla, y que practican otros
deportes mucho menos
arriesgados.
Mallorca ha vivido con
interés grandes acontecimientos deportivos
de muchos mallorquines. No sé si vivirán lo
mismo con Lorenzo, pero nosotros desde esta
columna le damos ánimo y suerte, porque
como decíamos antes, se lo merece por
muchos motivos. La vida le tiene que dar
esta satisfacción a él y a su familia al
completo, porque es, sin duda, el mejor
piloto del mundo de 250 c.c, y lo ha
demostrado todo el año.