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  Martes, 24 de octubre de 2006 Actualizado a las 01:45
 

ES BALUARD / La casa de los líos
Pedro Serra plantea despedir a la directora de Es Baluard y se lleva varias de las obras que cedió

Convoca las reuniones aprovechando las ausencias de Uberquoi para evitar verla - El 10 de octubre se quejó de su actitud al patronato y obtuvo respuesta: hay que esperar a que termine la legislatura para no levantar más escándalos - La anterior responsable, Teresa Pérez-Jofre, se marchó porque no aguanta al editor Ha sacado del museo, entre otras, esculturas de Fontana

  A D E M A S
 Es Baluard soy yo
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MARCOS TORÍO

PALMA.- Pedro Serra no está contento con la directora de su museo, Marie-Claire Uberquoi, y así lo hizo saber a los miembros del patronato de Es Baluard durante una reunión celebrada el 10 de octubre. Fuentes consultadas por este periódico revelan que el editor tiene «quejas» sobre su gestión y la acusa de «ir por libre», por lo que llegó a plantear la destitución de Uberquoi ante los asistentes, entre los que se encontraban el conseller de Cultura, Francesc Fiol; el concejal de Cultura de Cort, Rogelio Araújo; la responsable del mismo área en el Consell, Dolça Mulet; el secretario de la Fundación, José Ferrer, y la propia hija del editor, Carmen Serra.

Los políticos rechazaron la idea y optaron por posponer o replantear su petición una vez termine la legislatura, tras las elecciones de 2007 para evitarle más escándalos al museo público que el dueño de Última Hora gestiona de manera privada.

Serra -señalan las mismas fuentes- reprocha a Uberquoi su falta de interés ante actividades propuestas por el anciano para, sin embargo, dedicarse a las que, personalmente, más le motivan. La mala relación tan notoria que el editor convoca las reuniones de trabajo cuando sabe que la directora no va a poder estar presente porque «la detesta».

Por otra parte, el editor se ha llevado de Es Baluard varias obras que había cedido, entre ellas dos esculturas de Fontana, según han relatado personas cercanas al centro de exposiciones. La falta de transparencia, especialmente en lo referido al régimen de las obras, ha sido una constante desde la apertura en enero de 2004. «El museo funciona como una galería de arte y es el propio Serra el que decide qué se cuelga, qué se quita e incluso qué se vende», revela alguien dedicado al negocio artístico, que prefiere mantener el anonimato a la hora de denunciar la gestión privada de un espacio público pagado con el dinero de todos los contribuyentes.

Tormenta de críticas

Manejar el timón de Es Baluard no es tarea fácil. La primera directora, Teresa Pérez-Jofre, abandonó el cargo tres días después de la inauguración, en mitad de una tormenta de críticas para un museo cargado de deficiencias. El rumor venía de atrás y se confirmó con la versión oficial y la oficiosa. La primera: abandono por «circunstancias familiares». La segunda: no aguantaba a Serra.

La relación con Uberquoi no se presenta mucho mejor. Lo que tampoco cambia es la permanencia del editor como presidente de la Fundación Es Baluard cuando ha anunciado su retirada en numerosas ocasiones. «Me iré cuando haya un nuevo director y se implique en el proyecto. Entonces, volveré a presentar la dimisión porque creo que el trabajo que podía hacer ya está hecho», dijo Serra en 2004. Dos años después, sigue sin cumplir su promesa o, atendiendo a sus palabras, no ha encontrado un director implicado.

Es Baluard se inauguró en enero de 2004 después de ser presentado como «el mejor museo del Mediterráneo» y con el augurio incumplido de alcanzar el medio millón de visitantes durante el primer año. La cifra esperada se fue corrigiendo y la oficial quedó en menos de una cuarta parte, 120.000 personas.

Un año después los números se triplicaron para los periódicos de Serra que hablaban de 342.906 visitantes. Se demostró que la cifra no era real sino fruto de un aparato que contabilizaba a todos los que paseaban por los alrededores del museo. Tampoco se ha desglosado cuántos de los asistentes pasaron por taquilla y cuántos lo hicieron gratis en las varias jornadas de puertas abiertas que celebra al año.

Al fracaso de visitantes se suma la discutida calidad de su colección y la falta de un proyecto museístico que le reprochaban desde la UIB y ciertos sectores del mundo del arte. La cesión de algunas obras por parte de Serra tuvo como contrapartida la presidencia de la Fundación Es Baluard, así como un voto de calidad en la comisión ejecutiva del museo, donde se deciden gastos, compras de cuadros y se dirige el rumbo del museo.

 
   
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