MARCOS TORÍO
PALMA.- Pedro Serra
no está contento con la directora de su
museo, Marie-Claire Uberquoi, y así lo hizo
saber a los miembros del patronato de Es
Baluard durante una reunión celebrada el 10
de octubre. Fuentes consultadas por este
periódico revelan que el editor tiene
«quejas» sobre su gestión y la acusa de «ir
por libre», por lo que llegó a plantear la
destitución de Uberquoi ante los
asistentes, entre los que se encontraban el
conseller de Cultura, Francesc Fiol; el
concejal de Cultura de Cort, Rogelio
Araújo; la responsable del mismo área en el
Consell, Dolça Mulet; el secretario de la
Fundación, José Ferrer, y la propia hija
del editor, Carmen Serra.
Los
políticos rechazaron la idea y optaron por
posponer o replantear su petición una vez
termine la legislatura, tras las elecciones
de 2007 para evitarle más escándalos al
museo público que el dueño de Última Hora
gestiona de manera privada.
Serra
-señalan las mismas fuentes- reprocha a
Uberquoi su falta de interés ante
actividades propuestas por el anciano para,
sin embargo, dedicarse a las que,
personalmente, más le motivan. La mala
relación tan notoria que el editor convoca
las reuniones de trabajo cuando sabe que la
directora no va a poder estar presente
porque «la detesta».
Por otra parte,
el editor se ha llevado de Es Baluard
varias obras que había cedido, entre ellas
dos esculturas de Fontana, según han
relatado personas cercanas al centro de
exposiciones. La falta de transparencia,
especialmente en lo referido al régimen de
las obras, ha sido una constante desde la
apertura en enero de 2004. «El museo
funciona como una galería de arte y es el
propio Serra el que decide qué se cuelga,
qué se quita e incluso qué se vende»,
revela alguien dedicado al negocio
artístico, que prefiere mantener el
anonimato a la hora de denunciar la gestión
privada de un espacio público pagado con el
dinero de todos los
contribuyentes.
Tormenta de
críticas
Manejar el timón de Es
Baluard no es tarea fácil. La primera
directora, Teresa Pérez-Jofre, abandonó el
cargo tres días después de la inauguración,
en mitad de una tormenta de críticas para
un museo cargado de deficiencias. El rumor
venía de atrás y se confirmó con la versión
oficial y la oficiosa. La primera: abandono
por «circunstancias familiares». La
segunda: no aguantaba a Serra.
La
relación con Uberquoi no se presenta mucho
mejor. Lo que tampoco cambia es la
permanencia del editor como presidente de
la Fundación Es Baluard cuando ha anunciado
su retirada en numerosas ocasiones. «Me iré
cuando haya un nuevo director y se implique
en el proyecto. Entonces, volveré a
presentar la dimisión porque creo que el
trabajo que podía hacer ya está hecho»,
dijo Serra en 2004. Dos años después, sigue
sin cumplir su promesa o, atendiendo a sus
palabras, no ha encontrado un director
implicado.
Es Baluard se inauguró en
enero de 2004 después de ser presentado
como «el mejor museo del Mediterráneo» y
con el augurio incumplido de alcanzar el
medio millón de visitantes durante el
primer año. La cifra esperada se fue
corrigiendo y la oficial quedó en menos de
una cuarta parte, 120.000 personas.
Un año después los números se
triplicaron para los periódicos de Serra
que hablaban de 342.906 visitantes. Se
demostró que la cifra no era real sino
fruto de un aparato que contabilizaba a
todos los que paseaban por los alrededores
del museo. Tampoco se ha desglosado cuántos
de los asistentes pasaron por taquilla y
cuántos lo hicieron gratis en las varias
jornadas de puertas abiertas que celebra al
año.
Al fracaso de visitantes se suma
la discutida calidad de su colección y la
falta de un proyecto museístico que le
reprochaban desde la UIB y ciertos sectores
del mundo del arte. La cesión de algunas
obras por parte de Serra tuvo como
contrapartida la presidencia de la
Fundación Es Baluard, así como un voto de
calidad en la comisión ejecutiva del museo,
donde se deciden gastos, compras de cuadros
y se dirige el rumbo del museo.