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EL MUNDO OPINA
Buena política educativa
A diferencia de la escuela anglosajona
que cuida los aspectos llamémosles extra
docentes, nuestra escuela tiene una
tradición más bien centrada, esencialmente,
en la transmisión de conocimientos de las
asignaturas que se imparten. Sin embargo,
la escuela debe ser algo más y, también,
apuntar a la formación de ciudadanos a
través de un proceso de endoculturación que
instala a los alumnos en el sistema de
valores de la sociedad, algo, desde luego,
muy distinto del «adoctrinamiento» que, por
desgracia, practican algunos profesores.
Entre estos valores están los
comportamientos cívicos de los alumnos que
están en la edad en la que estos principios
civilizados se metabolizan para toda la
vida. De ahí que los programas de educación
vial y de protección frente a «adicciones»
como las del telefonino convertido en algo
más que un instrumento de comunicación
deban ser bien recibidos e incardinados en
esta formación cívica de niños y
adolescentes. Y no sólo, ni principalmente,
en nombre de unas «prácticas saludables»,
sino porque la educación vial forma parte,
en las modernas sociedades, de la educación
a secas y el aprendizaje de un uso racional
de los móviles constituye un ejercicio de
objetivación inteligente y ponderado de lo
que es un artilugio útil . Digamos, por
último, que habría que profundizar en esta
línea de formación cívica que ha iniciado
la conselleria que dirige Rosa Puig. Hay,
desde luego, temas a desarrollar.
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