MÓNICA MARTÍNEZ
PALMA.- Un año más
Palma deja de lado el esquema de milagros a
diseccionar en el que se asienta la
santidad, para convertirla en un camino en
el que nuestra santa más mallorquina, Santa
Catalina Tomás, puede calzar por un día
zapatos de diversas suelas, firmes, de la
mano de los novatos y expertos en devoción
que le permiten recorrerlo con distinta
andadura.
Y es que, a pesar de haber
vivido desde joven casi oculta bajo los
pilares de la iglesia Santa María
Magdalena, y después de más de cuatro
siglos de su fallecimiento, Santa Catalina
no ha podido deshacerse del calor popular
que le rinde cada año el pueblo
mallorquín.
Beatificada en 1792 por
Pío VI y canonizada por el papa Pío XI en
1930, la tradición mallorquina de venerar a
la Beata, de la que se cuenta hablaba
plácidamente en vida con otros santos, se
ha ido cebando desde su beatificación del
clamor popular, convirtiéndose en una de
las celebraciones más concurridas de
nuestra Isla.
Como clausura a unas
fiestas que se iniciaran el martes 10 de
octubre con la exposición El carro
triomfal, manifestacions populars a
l'entorn de Santa Caterina Thomàs en la
Misericordia y que tuvieron su punto más
álgido en curso, con la presentación de la
beateta de este año, la niña Julia Mulet
Andreu, a manos de la consellera de
cultura, tuvo lugar ayer la famosa
colcada. El acto, sin duda, más
presenciado a lo largo de todas estas
fiestas. El croquis de la jornada que tatuó
su punto y final ayer, condujo a devotos a
un celebración de eucaristía presidida por
Joan Darder i Brotat, que tuvo lugar en la
iglesia en la que la santa se refugió y en
la que en la actualidad se conservan sus
restos.
Ya a las siete de la tarde,
empezó el recorrido del carro triunfal.
Orquestas de música, balladors y
xeremiers, una corte de ángeles y
demonios, caramelos y bengalas, carrozas,
payeses y más payeses, acompañaron a la
pequeña Júlia, que mostró su perfil más
glorificado, en un recorrido que se dejó
llevar desde Paseo Mallorca hasta la
Iglesia de Santa María Magdalena.
Una
tradición y espectáculo envuelto en sonidos
de tambores, gaitas y el ligero alboroto de
la muchedumbre, que reciclando y
asegurándose un año más su permanencia en
el recuerdo de los palmesanos, contó con
autoridades políticas.
Decenas de
sillas sobre un tablado con dobladillos de
colores mallorquines, protegidas por cuatro
gigantes, que contaban con la presencia de
la presidenta del Consell, Maria Antònia
Munar y la alcaldesa, Catalina Cirer, entre
otros y, entre otros, del presidente de
S'Institut, Antono Serra. Una vez frente a
la iglesia Santa María Magdalena y
finalizado el recorrido, la nota de
festividad la puso una ballada popular con
los grupos Sarau Alcudienc, Tralai y Aires
de Montesión.