En 1993 Granada acababa de inaugurar uno
de los palacios de congresos mejor dotados
y con más capacidad -dos mil plazas en su
sala Lorca- de los que existen en España.
Por aquellas fechas el aeropuerto de
aquella ciudad tenia únicamente capacidad
para dos aviones en su pista de
aparcamiento y la planta hotelera de
aquella ciudad, que reúne unos
impresionantes atractivos, era a todas
luces insuficiente para albergar en hoteles
de categoría a todos cuantos podían acudir
a los congresos que allí iban a celebrarse.
El aeropuerto de Málaga y su planta
hotelera, todo a más de cien kilómetros,
cubrían aquellas deficiencias. En esas
mismas fechas, y aun desde dos décadas
antes, se hablaba ya en Mallorca de la
necesidad de construir un palacio de
congresos habida cuenta de que era una
infraestructura necesaria para dinamizar la
temporada baja.
Trece años después,
sin embargo, y si bien existe la intención
de edificarlo -y para ello se dispone ya
del solar y del proyecto- todo ha estado a
punto de acabar de nuevo demorándose ad
calendas grecas, y, quien sabe, quizás
a volver a empezar desde cero. Y todo
porque el Consell de Mallorca, que debería
ser el primer interesado en que esta
necesaria infraestructura se acabara pronto
por las ventajas que puede reportar sobre
el turismo de la isla, que es en definitiva
el motor de su economía, estaba paralizando
la modificación del Plan General de Palma
diseñada por Cort para ubicar el futuro
Palacio de Congresos.
Actualmente
existen ya en todo el país, si bien con
capacidades muy diferentes, treinta y dos
palacios de congresos o salas de
convenciones, trece de ellos en provincias
turísticas. El último de ellos en
inaugurarse fue el Baluarte, de Pamplona,
con proyecto de Pachi Mangado, el
mismo arquitecto que ha proyectado el de
Palma, y actualmente se ha licitado el
palacio de congresos de Lérida,
aprovechando que el AVE llegara hasta
aquella ciudad. De todos ellos en Palma
tenemos únicamente, si bien totalmente
inadecuados para modernos congresos, el
Pueblo Español y el Auditórium, y en menor
escala el nuevo centro de convenciones del
Meliá Victoria.
La posibilidad de que
el proyecto de palacio quedara abortado -lo
cual hubiera sido una auténtica sinrazón-
alertó a todo el sector turístico. Y quien
más contundente fue al censurar lo que
estaba ocurriendo -Álvaro Middelman,
presidente del Fomento del Turismo- tras
señalar que «es una infraestructura
imprescindible para la isla que contribuirá
a dar respuesta a una aspiración de la
sociedad mallorquina: la
desestacionalización de la actividad
turística», añadió «hay que comenzar a
construirlo cuanto antes. Y ahora que lo
tenemos tan cerca, nos costaría asumir que
por motivaciones políticas se eche atrás
esta iniciativa y haya que volver a empezar
a discutir qué proyecto hacemos y dónde lo
ubicamos». Afortunadamente ha imperado la
cordura.