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LA MIRADA
Los que se equivocan
JORDI VIDAL
El amigo Juan Planas me citaba
una vez en sus columnas, pero me citaba
mal, pues yo no le he dicho nunca que no me
guste el anticatalanismo que se respira en
la isla. Lo que le dije exactamente es
esto: «siento decirte que no me gusta ni me
hace gracia todo este anticatalanismo que
se respira en el ambiente» Y me veo
obligado a aclararlo. En Mallorca no hay
anticatalanismo. Hablar de anticatalanismo
es algo fuerte, todos hemos tenido un
familiar estudiando en Barcelona. El
anticatalanismo es algo que ahora se
intenta importar desde otros lares. Sobre
Ciutadans de Catalunya, me arriesgo a
afirmar hoy, octubre de 2006, que será un
fracaso estrepitoso en las elecciones del
mes que viene. Juan Planas insiste en la
teoría de moda: que ahora en Cataluña se
prohíbe el castellano. Yo le he retado a
que me lo demuestre. ¿Por qué a un niño que
hablaba en castellano en casa no se le
permitía aprender mallorquín en el colegio?
¿Para discriminarlo mejor? Es fácil llamar
a una emisora y soltar eso de que antes
había lo normal: mallorquín en casa y
español en el colegio. Otro se queja que a
su hijo le enseñan cosas que no sabe, ¿pero
es posible que alguien diga semejante
disparate y no lo echen del programa a
patadas? ¿No se inventó el colegio para
enseñar lo que no se aprende en casa? Y
venga catalanes por aquí, y catalanes por
allí. Si se nos ha catalanizado es por el
abandono y menosprecio que siempre hemos
tenido por nuestra lengua. Si de verdad
estos sabatinos pontífices del
gonellismo quieren salvar la lengua
mallorquina, que la hablen, que la hablen
siempre. Si así se hubiera hecho siempre
desde los años sesenta, todo el mundo
hablaría mallorquín, y no necesitaríamos
normalizadores.
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