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  Domingo, 22 de octubre de 2006 Actualizado a las 01:35
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES
Otra forma de tratar a UM es posible

EDUARDO INDA


Ya sé que cada dos por tres les salgo con las batallitas de Winston Churchill pero qué quieren que haga: para mí es el más ejemplar servidor público jamás contado. Su cabeza albergaba no sólo un Estado como la de Fraga sino más bien tres o cuatro, era incorruptible y, encima, lideró la resistencia democrática contra el totalitarismo nazi con las consecuencias que hoy disfrutamos. ¿Qué sería del mundo si él y Roosevelt no se hubieran puesto las pilas? Prefiero ni siquiera imaginarlo. Hará cosa de tres o cuatro años la única TV pública independiente del mundo, la BBC, elaboró una encuesta sobre la base de un único interrogante: «¿Quién es el británico más grande de todos los tiempos?». Teniendo como tienen en los libros de historia a personajes de la talla de -ojo al dato- Shakespeare, Tomás Moro, Churchill, Isabel II, su tatarabuela Victoria, Isaac Newton, Darwin, Lennon, Margaret Thatcher o la tan glamourosísima como simplísima Lady Di la verdad es que la solución al rompecabezas no era precisamente coser y cantar. Pese a todo, ganó, más bien arrasó, el enfermizo optimista que acabó con la bestia nazi. El premier británico por antonomasia le sacó nada más y nada menos que 56.000 votos al segundo, el ingeniero Brunel, cerebro de los edificios e infraestructuras más imponentes de la imponente Inglaterra victoriana.

Churchill volvió a meterse en el bolsillo a Juan Británico 37 años después de muerto porque simboliza la determinación del Estado de Derecho, la fuerza de la razón y la libertad frente a la razón de la fuerza, el totalitarismo y el racismo. Al líder del sempiterno puro en la boca lo tomaron por un loco peligroso cuando descalificó con su british a más no poder ironía el pacto alcanzado en Múnich entre el dúo Chamberlain-Daladier y Hitler después de que el asesino nazi se hubiera comido los Sudetes. «Preferísteis el deshonor a la guerra, pues bien, ahora tendréis el deshonor y la guerra», vaticinó entre las cuchilladas dialécticas de propios, extraños y mediopensionistas. «En lugar de saciar la voracidad de la bestia lo único que han hecho es despertarlo», remachó. No se equivocó una coma demostrando cuánta razón asiste a los que sostienen que «hay que ser intolerante con los intolerantes». Al final, tuvo que ser él, precisamente él, el que sacase las castañas del fuego.

Rodrigo de Santos no es Churchill ni tampoco Catalina Cirer es Thatcher -son magnitudes y situaciones incomparables- pero ambos han demostrado que hay otra forma de tratar a Unió Mallorquina y encima con éxito: la de la dignidad. Los gerifaltes del PP intentaron sin éxito que el uno y la otra doblaran la cerviz ante una Munar que exigía a Cort que borrase del mapa de la Fachada Marítima las 200 viviendas que Núñez y Navarro tiene proyectadas. «Si no, no habrá ni Fachada, ni Palacio de Congresos, ni nada de nada», advirtió directamente y por persona interpuesta (Miquel Nadal) la presidenta de Mallorca que no eligieron los mallorquines.

A MAM, que esta semana ha sumado un nuevo alias a su interminable colección de alias -ahora tras descubrirse su nueva línea de negocio se refieren a ella como La Carbonera- no le movía el altruismo y tampoco era su intención acabar con la marea de cemento que denuncian sus aliados de Salvem Mallorca. Vamos, que la mujer más rica de Mallorca no se ha vuelto ecologista de la noche a la mañana ni le ha dado un yuyu ideológico. No podemos ni debemos olvidar que la culpa de que se construya tanto o tan poco en Mallorca no es del malo-malísimo de Jaume Matas sino única y exclusivamente de ella por una razón que hasta Abundio captaría: las competencias urbanísticas son enteritas suyas. Tal vez por eso me entra una mezcla de descongojo y alucine cada vez que le cuelgan el muerto de la supuesta destrucción de Mallorca a JM. A la fashion victim de Costitx lo único que le ocupa y preocupa es construir carreteras, casas y lo que sea. Construir en definitiva. Y cuantas más casas, más carreteras o más lo que sea, mejor para sus negocietes privados. ¿O es que con lo que ha caído queda algún incauto que se crea que cada vez que esta transportista de grava y carbón y promotora urbanística da una puntada no hay hilo en el ojo de la aguja?

El quid de la cuestión de la nueva felonía de La Carbonera y del perdonavidas de Miquel Nadal es de perogrullo: castigar a José Luis Núñez por haber osado ofrecer por Can Domenge los 60 millones de euros que vale el solar y no los 30 que finalmente percibirá el Consell en una golfada de manual de golfadas.

Ésa era la principal pero no la única bastarda motivación de La Carbonera y del vicepresidente que se autopatrocina sus delirios avioneteros con dinero público. No nos engañemos, también quería hacerle la puñeta a su particular bestia negra: Catalina Cirer, más que nada, porque la continuidad de Catalina Cirer supondrá la frustración del asalto a un Ayuntamiento de Palma con tanto potencial de forre o más que el Consell tanto para ella como para su compañero de brindis. A más, a más, hay una cuestión personal. Catalina Cirer pone de los nervios a MAM porque, argumenta, «¿tú crees que es serio que una política lleve a sus hijas al colegio y las vaya a buscar o que vista así? [no es broma, MAM lo dixit]». Ergo, si esto es todo lo que tiene contra una Cirer en las antípodas de su corrupción hay que colegir que hay alcaldesa para rato. El deporte nacional, la envidia, es también el único deporte que practica una MAM que no tiene tiempo de ir al gimnasio de tanto tiempo que se pasa dándole al shopping. La mandamás de UM nunca será alcaldesa de Palma, jamás tendrá ni la mitad de los 70.000 votos que mereció Cirer en 2003 y en la vida gozará ni de lejos del afecto popular de su antagonista. A ella más bien la odian.

En esta estrategia de intentar asesinar civilmente a la alcaldesa se inscribe también el Palacio de Congresos que el del efecto Nada, Miquel Nadal, ha encargado a no se sabe qué arquitecto tras deambular en romería por varios estudios. Al hombre que tiene las mismas posibilidades de sustituir a Cirer que yo de ser el próximo director de la CNN le daba igual el nombre, que fuera bueno, malo o regular: únicamente quería que fuera mallorquín.

Nadal fue de farol en la Comisión Insular de Urbanismo del viernes y en los días previos. Era plenamente consciente del desgaste electoral que hubiera sufrido su candidatura y la de su jefa si hubieran hecho un tres en uno cargándose la Fachada Marítima en general y el Palacio de Congresos y las viviendas de Núñez y Navarro y Mapfre en particular.

Cirer y De Santos se pusieron churchillianos cuando les invitaron a hacer la enésima genuflexión ante la presidenta que administra el Consell y, lo que es peor, decenas de miles de millones de pesetas con ¡¡¡3 de los 33!!! diputados de Mallorca. Prefirieron la guerra con UM al deshonor más la guerra subsiguiente que hubiera supuesto tragar otra vez con el chantaje. No hubo ni guerra, ni deshonor, sino más bien goleada por toda la escuadra... y sin necesidad de mover un solo batallón.

Cirer respira tranquila especialmente tras los chorreos que le han soltado desde el partido por tierra, mar y aire cada vez que ha puesto en su sitio a la multimillonaria presidenta. Como el que le cayó cuando declaró lo obvio, «jamás se me ocurriría vender un solar a mitad de precio como hace Munar», como cuando subrayó lo requeteobvio, que «UM compra voluntades», o como cuando hace varias semanas puso los puntos sobre las íes tras la enésima puñalada uemita, la paralización de las obras de la estación de Palma.

El que pasa por ser la cabeza política mejor amueblada de Baleares, Rodrigo de Santos, tampoco ha dudado a la hora de cantarles las cuarenta a los desleales patológicos de UM. Los que como él no precisan de la política para vivir, porque tienen donde caerse muertos -es Técnico de la Administración Civil por oposición-, son libérrimos a la hora de llamar «pan» al pan y «vino» al vino.

Quizá por eso la cobardía del habitualmente valiente Miquel Ramis llamó tan poderosamente la atención cuando se le inquirió sobre la galopante corrupción munariana el viernes pasado. Cirer y su lugarteniente han hecho historia al mantener el pulso firme a La Carbonera demostrando que otra forma de tratar a UM es posible: la de la dignidad, la de la decencia, la de la resistencia al chantaje, la del imperio de la ley y la de la legitimidad del que venció en las urnas. Y, encima, les ha salido mejor que bien. Como le salió mejor que bien a Sir Winston.

e.inda@elmundo.es

 
   
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