Ya sé que cada dos por tres les salgo
con las batallitas de Winston Churchill
pero qué quieren que haga: para mí es el
más ejemplar servidor público jamás
contado. Su cabeza albergaba no sólo un
Estado como la de Fraga sino más bien tres
o cuatro, era incorruptible y, encima,
lideró la resistencia democrática contra el
totalitarismo nazi con las consecuencias
que hoy disfrutamos. ¿Qué sería del mundo
si él y Roosevelt no se hubieran puesto las
pilas? Prefiero ni siquiera imaginarlo.
Hará cosa de tres o cuatro años la única TV
pública independiente del mundo, la BBC,
elaboró una encuesta sobre la base de un
único interrogante: «¿Quién es el británico
más grande de todos los tiempos?». Teniendo
como tienen en los libros de historia a
personajes de la talla de -ojo al dato-
Shakespeare, Tomás Moro, Churchill, Isabel
II, su tatarabuela Victoria, Isaac Newton,
Darwin, Lennon, Margaret Thatcher o la tan
glamourosísima como simplísima Lady Di la
verdad es que la solución al rompecabezas
no era precisamente coser y cantar. Pese a
todo, ganó, más bien arrasó, el enfermizo
optimista que acabó con la bestia nazi. El
premier británico por antonomasia le sacó
nada más y nada menos que 56.000 votos al
segundo, el ingeniero Brunel, cerebro de
los edificios e infraestructuras más
imponentes de la imponente Inglaterra
victoriana.
Churchill volvió a
meterse en el bolsillo a Juan Británico 37
años después de muerto porque simboliza la
determinación del Estado de Derecho, la
fuerza de la razón y la libertad frente a
la razón de la fuerza, el totalitarismo y
el racismo. Al líder del sempiterno puro en
la boca lo tomaron por un loco peligroso
cuando descalificó con su british a
más no poder ironía el pacto alcanzado en
Múnich entre el dúo Chamberlain-Daladier y
Hitler después de que el asesino nazi se
hubiera comido los Sudetes. «Preferísteis
el deshonor a la guerra, pues bien, ahora
tendréis el deshonor y la guerra», vaticinó
entre las cuchilladas dialécticas de
propios, extraños y mediopensionistas. «En
lugar de saciar la voracidad de la bestia
lo único que han hecho es despertarlo»,
remachó. No se equivocó una coma
demostrando cuánta razón asiste a los que
sostienen que «hay que ser intolerante con
los intolerantes». Al final, tuvo que ser
él, precisamente él, el que sacase las
castañas del fuego.
Rodrigo de
Santos no es Churchill ni tampoco Catalina
Cirer es Thatcher -son magnitudes y
situaciones incomparables- pero ambos han
demostrado que hay otra forma de tratar a
Unió Mallorquina y encima con éxito: la de
la dignidad. Los gerifaltes del PP
intentaron sin éxito que el uno y la otra
doblaran la cerviz ante una Munar que
exigía a Cort que borrase del mapa de la
Fachada Marítima las 200 viviendas que
Núñez y Navarro tiene proyectadas. «Si no,
no habrá ni Fachada, ni Palacio de
Congresos, ni nada de nada», advirtió
directamente y por persona interpuesta
(Miquel Nadal) la presidenta de Mallorca
que no eligieron los mallorquines.
A
MAM, que esta semana ha sumado un nuevo
alias a su interminable colección de alias
-ahora tras descubrirse su nueva línea de
negocio se refieren a ella como La
Carbonera- no le movía el altruismo y
tampoco era su intención acabar con la
marea de cemento que denuncian sus aliados
de Salvem Mallorca. Vamos, que la
mujer más rica de Mallorca no se ha vuelto
ecologista de la noche a la mañana ni le ha
dado un yuyu ideológico. No podemos
ni debemos olvidar que la culpa de que se
construya tanto o tan poco en Mallorca no
es del malo-malísimo de Jaume Matas
sino única y exclusivamente de ella por una
razón que hasta Abundio captaría: las
competencias urbanísticas son enteritas
suyas. Tal vez por eso me entra una mezcla
de descongojo y alucine cada vez que le
cuelgan el muerto de la supuesta
destrucción de Mallorca a JM. A la
fashion victim de Costitx lo único
que le ocupa y preocupa es construir
carreteras, casas y lo que sea. Construir
en definitiva. Y cuantas más casas, más
carreteras o más lo que sea, mejor para sus
negocietes privados. ¿O es que con lo que
ha caído queda algún incauto que se crea
que cada vez que esta transportista de
grava y carbón y promotora urbanística da
una puntada no hay hilo en el ojo de la
aguja?
El quid de la cuestión
de la nueva felonía de La Carbonera
y del perdonavidas de Miquel Nadal es de
perogrullo: castigar a José Luis Núñez por
haber osado ofrecer por Can Domenge los 60
millones de euros que vale el solar y no
los 30 que finalmente percibirá el Consell
en una golfada de manual de
golfadas.
Ésa era la principal pero
no la única bastarda motivación de La
Carbonera y del vicepresidente que se
autopatrocina sus delirios avioneteros con
dinero público. No nos engañemos, también
quería hacerle la puñeta a su particular
bestia negra: Catalina Cirer, más que nada,
porque la continuidad de Catalina Cirer
supondrá la frustración del asalto a un
Ayuntamiento de Palma con tanto potencial
de forre o más que el Consell tanto para
ella como para su compañero de brindis. A
más, a más, hay una cuestión personal.
Catalina Cirer pone de los nervios a MAM
porque, argumenta, «¿tú crees que es
serio que una política lleve a sus hijas al
colegio y las vaya a buscar o que vista
así? [no es broma, MAM lo dixit]».
Ergo, si esto es todo lo que tiene contra
una Cirer en las antípodas de su corrupción
hay que colegir que hay alcaldesa para
rato. El deporte nacional, la envidia, es
también el único deporte que practica una
MAM que no tiene tiempo de ir al gimnasio
de tanto tiempo que se pasa dándole al
shopping. La mandamás de UM nunca
será alcaldesa de Palma, jamás tendrá ni la
mitad de los 70.000 votos que mereció Cirer
en 2003 y en la vida gozará ni de lejos del
afecto popular de su antagonista. A ella
más bien la odian.
En esta
estrategia de intentar asesinar civilmente
a la alcaldesa se inscribe también el
Palacio de Congresos que el del efecto
Nada, Miquel Nadal, ha encargado a no
se sabe qué arquitecto tras deambular en
romería por varios estudios. Al hombre que
tiene las mismas posibilidades de sustituir
a Cirer que yo de ser el próximo director
de la CNN le daba igual el nombre, que
fuera bueno, malo o regular: únicamente
quería que fuera mallorquín.
Nadal
fue de farol en la Comisión Insular de
Urbanismo del viernes y en los días
previos. Era plenamente consciente del
desgaste electoral que hubiera sufrido su
candidatura y la de su jefa si hubieran
hecho un tres en uno cargándose la Fachada
Marítima en general y el Palacio de
Congresos y las viviendas de Núñez y
Navarro y Mapfre en particular.
Cirer
y De Santos se pusieron
churchillianos cuando les invitaron
a hacer la enésima genuflexión ante la
presidenta que administra el Consell y, lo
que es peor, decenas de miles de millones
de pesetas con ¡¡¡3 de los 33!!! diputados
de Mallorca. Prefirieron la guerra con UM
al deshonor más la guerra subsiguiente que
hubiera supuesto tragar otra vez con el
chantaje. No hubo ni guerra, ni deshonor,
sino más bien goleada por toda la
escuadra... y sin necesidad de mover un
solo batallón.
Cirer respira
tranquila especialmente tras los chorreos
que le han soltado desde el partido por
tierra, mar y aire cada vez que ha puesto
en su sitio a la multimillonaria
presidenta. Como el que le cayó cuando
declaró lo obvio, «jamás se me ocurriría
vender un solar a mitad de precio como hace
Munar», como cuando subrayó lo
requeteobvio, que «UM compra voluntades», o
como cuando hace varias semanas puso los
puntos sobre las íes tras la enésima
puñalada uemita, la paralización de
las obras de la estación de Palma.
El
que pasa por ser la cabeza política mejor
amueblada de Baleares, Rodrigo de Santos,
tampoco ha dudado a la hora de cantarles
las cuarenta a los desleales patológicos de
UM. Los que como él no precisan de la
política para vivir, porque tienen donde
caerse muertos -es Técnico de la
Administración Civil por oposición-, son
libérrimos a la hora de llamar «pan» al pan
y «vino» al vino.
Quizá por eso la
cobardía del habitualmente valiente Miquel
Ramis llamó tan poderosamente la atención
cuando se le inquirió sobre la galopante
corrupción munariana el viernes pasado.
Cirer y su lugarteniente han hecho historia
al mantener el pulso firme a La
Carbonera demostrando que otra forma de
tratar a UM es posible: la de la dignidad,
la de la decencia, la de la resistencia al
chantaje, la del imperio de la ley y la de
la legitimidad del que venció en las urnas.
Y, encima, les ha salido mejor que bien.
Como le salió mejor que bien a Sir Winston.
e.inda@elmundo.es