LORENZO MARINAPALMA.– A comienzos de
octubre, este agente de la Agrupación de
Tráfico de la Guardia Civil se ha
convertido en el portavoz de más de 25.000
guardias civiles. Joan Miquel Perpinyà
(Palma, 1973) contó con el respaldo del 73%
de los afiliados y fue nombrado secretario
general de la Asociación Unificada de
Guardias Civiles, Pero su actividad
reivindicativa viene de muy lejos. Se
convirtió en la cabeza visible de Coproper,
asociación fundada ante los escándalos de
Luis Roldán. En diciembre de 2002,
reconocía abiertamente su homosexualidad en
la portada de la revista Zero tocado con el
tricornio y bajo unas elocuentes
declaraciones: «Soy guardia civil y gay».
La desmilitarización del Instituto Armado
capitaliza sus reivindicaciones.
–¿Cómo
ha encajado el nombramiento del mallorquín
Joan Mesquida como mando único del Cuerpo
Nacional de Policía y la Guardia
Civil?–Esta decisión del Gobierno, un poco
sorpresiva para todos, va a marcar lo que
queda de legislatura. La capacidad que
tenga Mesquida para hacerse con el control
de dos instituciones complicadas, ya por sí
cada una de ellas, y en conjunto muy
difícilmente gobernables.
–¿Cree que se
puede conciliar bajo una sola persona de
forma efectiva la Policía Nacional y la
Guardia Civil tal y como están ahora?–Si
Mesquida no hace algo más que presidir
desfiles y entregar despachos, no. Es el
peligro de dirigir algo desde fuera. Cuando
mandaba Arruche en la Guardia Civil, el
secretario de Estado de Seguridad nos decía
que lo importante lo tratáramos con él. Si
ya es difícil de gobernar la Guardia Civil
desde dentro, desde fuera más aún.
—¿Se
puede generar algún tipo de agravio
comparativo entre el Cuerpo Nacional de
Policía y la Guardia Civil?–Ahora Mesquida
se va a reunir con los sindicatos de
policía, porque se va a constituir la mesa
de negociación. Con ellos se va a sentar a
negociar, con nosotros no negocia nada. Van
a aflorar mucho más los agravios porque
tenemos un mismo jefe. Nadie va a entender
que trate a unos de una determinada manera
y a otros de otra. Es un problema que
Mesquida tiene.
–¿Las criticas han
arreciado desde el nombramiento de Joan
Mesquida?–Ha habido gente, dentro de ambas
instituciones que no se han cortado nada en
criticar su nombramiento y esa maniobra.
Todo el mundo sabe que es una maniobra del
Gobierno. Nada de lo que hace Rubalcaba es
gratuito. Además, hay gente que hará todo
lo posible para que esto salga mal. Este es
un primer paso. Nadie puede entender que
haya un mismo director general para lo que
eran dos direcciones generales si no hay
más cambios.
–¿Entonces el nombramiento
ha sido más estético que práctico?–Es un
primer paso. No se pueden unificar si no
hay un paso previo como es el nombramiento
de un nuevo director general. Hay algo que
nos indica que por ahí van los tiros: lo
están negando sin que nadie les pregunte.
Esto es lo que ha hecho Socías el día de la
patrona. Cuando estás negando una cosa sin
que nadie te pregunte, es que estás
preparando hacerla.
–El programa
electoral del PSOE hablaba de salvar las
diferencias entre uno y otro
Cuerpo...–Hablaba de una homologación
retributiva de las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad. Después negociaron con los
sindicatos de la policía para tratar de
reducir las diferencias con respecto a la
policía autonómica. Ahora mismo no hay
homologación. Ellos tienen algo más y,
algunos de nosotros, tienen derecho a
viviendas oficiales. Tiene que haber una
homologación, pero no sólo retributiva. En
todo.
–¿Cuáles son las principales
cuentas pendientes?–¿Por qué se sanciona
más serveramente a un guardia civil que a
un policía? ¿Por qué se nos aplica a
nosotros el Código Penal Militar y a ellos
no? ¿Por qué con ellos se negocia las
condiciones salariales y las modificaciones
en las condiciones de trabajo y con
nosotros no?
–Una de las reivindicaciones
históricas de la AUGC es la
desmilitarización del Cuerpo. ¿Es viable?
¿Sabe si el Ministerio del Interior está
dispuesto a llevarla a cabo?–No creo que
sean valientes para acometer una medida de
este calibre a medio o corto plazo. Ojalá.
Nosotros creemos que eso es bueno para el
sistema público de seguridad. Los modelos
militarizados en Europa, que son 25 países,
sólo los tienen cinco, contando a
España.
–¿De qué manera redundaría en el
ciudadano contar con una Guardia Civil no
militarizada?–El trabajo policial está muy
lejos del trabajo militar. Los militares
están dentro de los cuarteles y no tienen
relación con los ciudadanos. Trasladar eso
fuera crea muchísimas disfunciones. Una de
las cuales es el elevadísimo número de
bajas psicológicas que se producen dentro
de la Guardia Civil o de suicidios, que es
el extremo.
–Según un informe de la AUGC,
cada 10 días se produce un intento de
suicidio ¿a qué se debe?–En la Guardia
Civil, hay gente que se suicida o lo
intenta como medida de protesta. Lo que
estoy diciendo es gravísimo. Yo esto lo he
conocido en primera persona, porque estuve
en el grupo de estudio de conductas
suicidas, que se creó en la Dirección
General, y hablé con muchos compañeros que
habían intentado suicidarse. Lo contaban
así: «Yo lo hice como protesta». Es como si
fuera una Intifada.
–¿Existe mobbing en
la Guardia Civil?–Podría decir 50 de
carrerilla. Una compañera del puesto de
Boñar, en León, denunció a un sargento por
abuso sexual. Se fue al Juzgado militar y
acabó sancionada. Según sus mandos, tenía
que haber recurrido a la vía interna. Qué
vía interna. La vía interna es él. Acabó de
baja psicológica y en tratamiento. En
Baleares, un capitán sancionó a un guardia
civil por decir «estoy cansado antes de
empezar». Le aplicaron un concepto por
decir que estaba cansado: manifestaciones
de tibieza o disgusto.
–¿Qué es lo que
mueve a un guardia civil para que utilice
el suicidio como medida de presión? –Esto
desvela cosas. Hay muchos abusos de mandos,
que tienen un poder omnímodo por el simple
hecho de haber aprobado la oposición o
comprado el examen, que ése es otro tema.
El poder tan descabellado y desmesurado que
se da a algunos mandos crea disfunciones.
Los sistemas de gestión de empresas
modernos promocionan gestión, liderazgo, no
mando. La Guardia Civil se ha construido
sobre una argamasa de miedo. El miedo a la
sanción disciplinaria, el miedo a la
expulsión, el miedo al cese en el destino.
Eso no pasa en la Policía Nacional ni en la
Policía Local. Eso afecta al ciudadano. Se
pierde un potencial de servicio terrible y
el mero hecho de tener una policía militar
hace que se pierda eficacia.
–¿Ha perdido
realmente eficiacia la Guardia Civil?–Lo
dicen las estadísticas. La delincuencia en
el ámbito de la Guardia Civil ha aumentado
en los últimos 10 años un 200%. Si esto no
es perder eficacia ya me contarás qué es lo
que es. Tratar de poner diferencias entre
la criminalidad urbana y la criminalidad
rural cada vez tiene menos sentido. Por qué
a un ciudadano que vive al final de la
calle Aragón le atiende un policía, que
tiene todos sus derechos, y, si embargo,
cruzas el torrente y para lo mismo te
atiende un funcionario que tiene recortados
sus derechos y con naturaleza
militar.
–¿Qué países europeos mantienen
aún una policia con status militar?–Son
cinco. Francia, Italia, Portugal, Holanda y
España. Es lamentable que a la hora de
planificar nuestras Fuerzas de Seguridad
miremos a Polonia, Hungría o a Rumanía
antes que mirar a Estados Unidos, Canadá,
Gran Bretaña, Bélgica, Alemania, Dinamarca,
etc. Estos cinco países tienen una larga
tradición histórica de potencias
coloniales. Eso marca mucho las Fuerzas de
Seguridad. Tenían unas fuerzas que igual
masacraban a la población indígena que la
defendían al día siguiente. Servían para
ocupar el territorio, que es el modelo que
copia la Guardia Civil. Maneja patrones
absolutamente obsoletos, que tienen que
modernizarse.
–¿Cuáles son los derechos
que tiene restringidos un guardia civil?—El
derecho a la libertad de expresión está
severamente restringido. Muy pocos tenemos
el privilegio de que no nos sancionen por
decir lo que estoy diciendo aquí, aunque
Dios sabe lo que puede pasar mañana. La
libertad de residencia, vivir donde uno
quiera. Moverse libremente por el
territorio nacional. Derecho a la libre
sindicación, un derecho fundamental que
tienen reconocidos prácticamente todas las
policías en Europa, incluida la Policía
Nacional en España, y no genera mayores
problemas. ¿Por qué no se nos reconoce? Hay
ejércitos, como en Alemania, en el que los
militares tienen ese derecho y no pasa
nada. Conciben lo militar de otra
manera.
–A pesar de estas trabas ¿Cómo
surgió entonces la AUGC? –Gracias a la
libertad de asociación. Es la que nos rige.
Hasta hace 12 años, los guardias civiles no
podían pertenecer a asociaciones. De hecho,
todavía hay una ley que lo prohíbe, las
Reales Ordenanzas, que, por cierto, son
preconstitucionales. Dicen que no podemos
pertenecer a asociaciones reivindicativas.
Esto lo ha matizado el Tribunal
Constitucional. Al fin y al cabo,
reivindicativo es todo. Cuando pides
vacaciones es reivindicativo. Se ha
reconocido ese derecho y somos una
asociación cultural. Todo el mundo sabe que
no somos una asociación cultural. Somos un
sindicato. Sólo que no hacemos negociación
colectiva y huelga.
–Hay alguna
posibilidad que se regule el fin de la
militarización de la Guardia Civil.–Si
miras el arco parlamentario, la mayoría
piensa así. Sólo el PP y un sector del PSOE
está en contra. El resto está a favor ¿Por
qué no se hace? A nuestro entender, el
Gobierno está sucumbiendo a las presiones
de los militares, de la cúpula militar del
Cuerpo y de las Fuerzas Armadas. Siempre
hay promesas, pero los guardias están
cansados de la palabrería del PSOE.
–Si
se aprueban, por fin, estos derechos
sindicales cuáles serían las
consecuencias.–Más eficacia policial.
Cuando se dignifica y se entregan derechos
que otros profesionales de la seguridad
pública ya tienen, eso redunda en un
beneficio para la institución. Dignificar
la institución es mejorarla. Mejorar la
motivación de los agentes y el trabajo
público que se hace. Creemos que se
evitarían errores de descoordinación que
han sucedido en el pasado. En la Guardia
Civil hay un sistema de ordeno y mando
soviético. Al de arriba no le va bien hacer
una cosa, no se hace y punto. Sin que la
prioridad sea esclarecer un hecho, sino
conseguir una medalla. Para eso hay que ser
políticamente correcto.
–¿Pero ha
mejorado la coordinación con la policía?–La
Guardia Civil está trabajando con la
policía mauritana y senegalesa. En cambio,
no está trabajando con la Policía Nacional.
Los acuerdos que firmaron en abril con la
Policía Nacional no se están aplicando a la
Guardia Civil. Los que negocian nuestros
derechos son los jefes. He dicho que no hay
un sindicato en la Guardia Civil y no es
cierto. Hay un sindicato: el del mando.
Negocian para ellos.
–Entonces, no ha
habido ningún cambio sustancial en la
Guardia Civil en los últimos años...
–Protagonizamos un golpe de Estado. La
institución sigue exactamente igual. Hubo
un teniente coronel que mató a dos o tres
personas en la Comandancia de Albacete,
Peñafiel, y no ha cambiado absolutamente
nada. Tuvimos el GAL verde, el caso Ucifa,
el escándalo por los explosivos del 11-M y
nada ha cambiado en la institución. Y el
caso Luis Roldán, que se lo agradecemos
porque al denunciarlo nos vio nacer.