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  Sábado, 21 de octubre de 2006 Actualizado a las 02:07
 

LA PREGUNTA DEL MILLÓN - ¿Hay que evitar por ley que Munar se sirva de la política para hacer negocios?
Letra pequeña

JOAN PERICÀS



Anteayer Localia emitió un magnífico reportaje sobre el emperador Justiniano, último de una serie sobre los césares. Cuando en el año 542 empezaron a morir impositores en Constantinopla y en otras ciudades del imperio oriental a causa de la peste, Justiniano dictó leyes para asegurarse que la familia del fallecido heredase las deudas fiscales. Era tal la necesidad del emperador que incluso llegó a dictar que si el fallecido no tenía familia, fuera el vecino quien asumiera el pago de sus impuestos.

El moderno contrato social, que tiene sus antecedentes en Platón y Cicerón y desemboca en Rousseau, influido por Hobbes y Locke, sólo añade literatura bobalicona a la espada y al derecho justinianos. Al fin y al cabo las sociedades humanas democráticas se reducen a productores que pagan impuestos y a políticos que administran el dinero, políticos que son elegidos quieran o no quieran los súbditos, llamados eufemísticamente electores, la mayoría de los cuales no quieren admitir el juego manipulador al que son sometidos. En la mayoría de situaciones los electores se ven obligados a elegir sin disponer más que de pésimas ofertas (p.ej.: Matas, Antich, Munar). Incluso cuando casi nadie acude a votar se aprueba lo sometido a votación (p.ej.: Constitución Europea). Y se traga lo indecible bajo un velo de ignorancia, como por ejemplo una presidenta no electa.

La letra grande del contrato social es la que vocean los programas electorales y los medios. Pero la letra pequeña es la más importante y la que incita a ciertos humanos a dedicarse a la administración de los impuestos de los otros. La preocupación justiniana de que los impuestos no mermen se mantiene hoy como ayer, porque la letra grande alimenta la pequeña en una simbiosis perfecta. Y mientras, nuestro esfuerzo engorda políticos, como antaño engordó emperadores y obispos.

Dicho lo anterior, no me parece mal que se haga una ley que, como dice este periódico, evite que Maria Antònia Munar se sirva de la política para hacer negocios, es decir una ley que elimine la letra pequeña del contrato social. Pero es imposible y además no puede ser. Sin letra pequeña no hay contrato, no hay políticos, no hay sociedad.

No nos engañemos: Munar sólo se lleva lo que otro se llevaría si ella no lo hiciera. Así son las cosas y apuesto a que así lo pone, en letra pequeña, su contrato con el PP.

 
   
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