Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
  Viernes, 13 de octubre de 2006 Actualizado a las 01:10
 

EL ÁGORA
Altruismo

RAMON AGUILÓ


Grosske ha pedido la dimisión del concejal Sierra porque «nos ha tomado el pelo». Parece que, según este diario, mintió al decir que no cobra por dedicarse a la representación de jugadores de fútbol. Así parece deducirse por la lectura de los contratos que suscribe con ellos.

Pero esto es pensar mal, ya que cabe la posibilidad de que Sierra vulnere sus contratos, no cobrando, para no incumplir las disposiciones legales. ¿Qué segunda parte contratante iba a protestar si la primera parte contratante -la del representante- no cobra los honorarios por los servicios prestados? Lo ha expresado de forma rotunda en declaraciones públicas: «Es compatible, legal y también ético». Teníamos ante nuestros ojos a un benefactor de la humanidad y nos empeñábamos en no verlo. Así lo ha sostenido en público y ante la alcaldesa Cirer; que ejerce la representación de manera altruista y desinteresada.

Yo sí le creo. Si se fijan Uds. en su rostro percibirán un parecido notable a Miquel Àngel Nadal, que creo que también es cercano al PP. Es un Zelig -aquel personaje camaleónico de Woody Allen- futbolero, imbuido por la idea ética de promover el futuro de chicos necesitados de Camerún y de Zaire a través del deporte con el que se siente identificado, hasta el extremo de asumir la fisonomía de nuestro más reciente héroe futbolero, del Mallorca, el Barça y la selección nacional. Me ha sorprendido de forma grata la belleza descriptiva y concisa con que destaca las cualidades de sus apadrinados: «gran desborde por la banda y su llegada al área», «un jugador de gran rapidez, buen regate y definición»…Quién sabe, si algún día deja la política puede que tenga futuro como periodista deportivo, un nuevo Santiago Segurola.

Yo sí le creo, basta recordar su inmaculado pasado político en mejores tiempos -ay, Fageda- para los negocios municipales, en que simultaneaba su asesoría a empresarios del juego por las tardes mientras por las mañanas examinaba sus expedientes. Cuando aconsejaba la utilización de detectives para defenderse de los abusos que hipotéticamente cometían sus funcionarios. ¿Es que existe alguien más adecuado para aconsejar el mejor método para cumplir con un expediente que quien debe examinarlo? Seguro que también era un trabajo altruista, en beneficio de la agilidad administrativa, y de la transparencia en el juego. Juego limpio. Si hubiera cobrado quizá hubiera margen para la sospecha, pero tratándose de este benefactor de los ciudadanos, huelga.

Yo sí le creo. Porque es un hombre con estudios superiores. Es licenciado en derecho. Algún cátedro exigente le aprobó en su día la asignatura de Filosofía del Derecho, que le permite, con todo el derecho, formular asertos de la naturaleza de: «mi labor de intermediación no sólo es legal, sino ética, porque si es legal es ética». De ahí, a revolucionar la legalidad y la ética. Porque efectivamente hay que concluir, con el pesar del error arrastrado durante tantos años -la inutilidad de una gran parte de la vida-, que la larga serie de tropelías de la dictadura franquista, desde las condenas a muerte de los tribunales militares hasta la inexistencia de la libertad de prensa, de reunión, de opinión, T.O.P., etc., amparadas por la legalidad realmente existente, por serlo, tenían una fundamentación ética, claro: el bien, la salvación de nuestra alma. Hay que negar a Dª. María Zambrano y colocar en su lugar a D. José Manuel Sierra, concejal y filósofo, autor del opúsculo Poder es ética.

Yo sí le creo. Porque es un defensor de las libertades individuales en la intimidad de su despacho. Es un individualista sensible que no tiene ningún embarazo en reconocer, que allí: «Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley, no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey». Porque es el último reducto de las libertades ante el todopoderoso Leviatán de la prensa, que pretende hurgar en el fondo de nuestros cajones y de nuestras almas, y dictarnos la ética a nosotros, los encriptados en listas bloqueadas y cerradas, a nosotros, los libres.

Yo sí le creo. Que Alá me confunda.

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad