En Baleares estamos viviendo últimamente
una serie de problemas, derivados de
decisiones y actuaciones políticas bajo
sospecha, sin que nadie dimita ni se
depuren responsabilidades. Los responsables
directos e indirectos, quizás algunos de
aquellos que se quejaron en alguna ocasión
de una excesiva judicialización de la
política, son los primeros que apelan ahora
a ella para pedir su amparo. Cuando les
conviene, claro. Y éstos son los más
honrados.
El verbo dimitir no entra
en los presupuestos de quienes se ven
señalados por el dedo acusador de las
evidencias, sobre todo cuando el poder
permite resortes para dilatar
responsabilidades cuando menos sospechosas.
Bien es cierto que a veces las denuncias
surgen efecto y llegan a los tribunales, en
cuyos casos no queda más remedio que tener
más paciencia que el santo Job,
vista la lentitud de los procesos. Pero en
algunos casos, ni eso. Existen asuntos más
graves: hay denuncias que son recibidas por
los acusados con la mayor desfachatez:
simplemente aparentan ignorarlas. Ya
conocen el dicho francés, laissez faire,
laissez passer.
La casuística es
muy rica: alcaldes bajo sospechas de
actuaciones ilegales, presuntos casos de
prevaricación, concejales incumplidores de
su obligada dedicación exclusiva, pues para
ello cobran, y, en definitiva, una
presidenta que no sólo permite, sino que
auspicia lo que este periódico ha dado en
denominar como 'La Piñata'. Una
señora, dicho sea de paso, con un partido
residual que a pesar de no haber obtenido
nunca el favor de los ciudadanos -jamás
ganó unas elecciones- no ha tenido empacho
en pactar con quien hiciera falta para
conseguir sus verdaderos propósitos:
controlar el Consell y sobre todo los
presupuestos. Derechas e izquierdas
desgraciadamente siempre cayeron en la
trampa, concediéndole unos favores a los
que jamás se hizo acreedora en las urnas.
¿Qué cómo es posible que hayamos llegado a
semejante situación? Fundamentalmente por
la permisividad de nuestro sistema, que
tolera actuaciones que no serían de recibo
en países con una tradición democrática más
seria que la nuestra.
El silencio -o
la ommertá, si lo prefieren- es algo
más propio de la mafia siciliana que de un
sistema democrático, pero desgraciadamente
en Baleares está a la orden del día.
Nuestra democracia nominal todavía no ha
aprendido que para un servidor público la
carga de la prueba reside en él mismo y no
sólo en los juzgados. Justo al revés de lo
que sucede con la sociedad civil: si un
ciudadano se siente injuriado, calumniado o
estafado deberá recurrir a los tribunales,
que para ello están. El servidor público,
sin embargo, ante una denuncia, además de
responder también ante los tribunales,
debería saber que, como la mujer del César,
no basta ser honrado; debe parecerlo. El
silencio es sinónimo de culpabilidad para
el político.
Otro de los factores
que denotan una salud quebradiza en
democracias no consolidadas es la
permisibilidad ante la mentira. Un sistema
que tolera o prefiere ignorar al político
de turno cuando públicamente falta a la
verdad es un síntoma de enfermedad.
Recuerden a este respecto los casos
Watergate y Lewinsky. En el
primero tuvo que dimitir Nixon no
sólo por las escuchas ilegales, sino
también por haber mentido. En el segundo,
al demostrarse que la becaria le había
realizado una felación al presidente, éste
estuvo al borde de la destitución, pero no
por el hecho en sí, sino por mentir. De
hecho, pudo conservar su puesto gracias a
la habilidad de sus abogados al sostener la
tesis de que para Clinton este acto
no suponía un acto sexual al no haber
existido penetración vaginal.
Entre
nuestra clase política, en cambio, poco
importa que una señora presidenta
declarase, a pregunta de Eduardo
Inda y ante una televisión, que ya no
tenía relación alguna con lo que se dio en
llamar en su día el negocio de la grava y
pocos días después EL MUNDO-El Día de
Baleares demostrara lo contrario. O que un
concejal asegurara más recientemente no
utilizar su teléfono móvil municipal para
otros fines que no fueran los propios de su
actividad política y una página de Internet
dejara en evidencia al edil.