LORENZO MARINA
PALMA.- «No sé qué
pasó, ella se quedó tendida en el suelo sin
decir nada». Con estas palabras, Gregorio
González Pozo, de 46 años, explicó en la
Audiencia Provincial su versión del crimen
de su esposa María Josefa
Rodríguez.
El acusado sostuvo que se
produjo «un forcejeo» entre ambos. La noche
del 25 de agosto de 2005, Josefa murió
estrangulada con el cinturón de Gregorio.
El acusado reconoció ayer en la sala el
cinturón como suyo. No obstante, aseguró
desconocer los pormenores de cómo se
cometió el crimen.
La Fiscalía y la
acusación particular, representada por la
abogacía del Estado, reclamaron ayer ante
el tribunal del jurado una pena de 20 años
de prisión para el acusado por un presunto
delito de asesinato.
Mientras, la
defensa de Gregorio González rebajó la
calificación provisional a homicidio, al
estimar que se había producido un forcejeo.
También estimó que habían concurrido dos
atenuantes del crimen. Uno por
arrepentimiento espontáneo y otro por
«trastorno celotípico» o celos patológicos
de la personalidad.
Durante el
interrogatorio en la Audiencia Provincial,
el acusado desglosó una serie de supuestas
desavenencias en la pareja desde tiempo
atrás. Asimismo, Gregorio González aseguró
que la noche del crimen Josefa le anunció
su intención de separarse.