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ELMUNDO OPINA
Toda una sucesión de fallos
Estamos lejos de tener un sistema
integrado y eficaz de protección a las
víctimas de la violencia de género.
Demasiada dejadez, demasiada lentitud y
demasiada banalización de las denuncias de
quien, al final, pagará con su vida esta
incapacidad social de protegerla ante la
barbarie de un marido violento y brutal. Un
análisis secuencial de todo el proceso que
ha desembocado en esta indefensión de la
mujer marroquí debería obligarnos a revisar
en profundidad todo el sistema de
protección y en sus diferentes instancias
que, o actúan coordinada o rigurosamente o
estaremos ante un frívolo ejercicio de
grandes palabras que contrastan después con
la trágica realidad de los hechos. El
asesino era un sujeto de antecedentes por
violencia familiar que, de entrada,
obligaba a tenerlo bajo control. No lo
estaba. El quebrantamiento de la orden de
alejamiento que fue denunciada por la
víctima el pasado mes de junio no generó el
inmediato rigor punitivo porque la joven
marroquí retiró la denuncia: ¿no habíamos
quedado que se actuaría «de oficio» y al
margen de síndromes de Estocolmo o
enternecimientos bondadosos? Y, por último
lo peor: unos días anteriores al asesinato
la víctima telefoneó al 112 denunciando, de
nuevo, la violación de la orden de
alejamiento. No pasó nada. O sí pasó: una
joven vida segada por un asesino al que
nadie se tomo demasiado en serio.
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