R. DÍEZ YAGÜE
PALMA.- En el fútbol
callejero, cuando un equipo era muy
superior al otro, solía darle varios goles
de ventaja al rival. Sin embargo, el débil
tenía todas las de perder. Por el
contrario, en Primera División muy pocos
conjuntos, por no decir ninguno, es capaz
de ganar un partido en el que regala dos
goles al contrario.
Quizá por eso
Gregorio Manzano apareció en la rueda de
prensa del pasado domingo con cara de
circunstancias. Su equipo había jugado
bien, pero tras el doble harakiri del
inicio, su obcecación en el error a la hora
de rematar mandó lo puntos a Villarreal.
Quizá por eso el técnico andaluz se mantuvo
optimista a pesar de haber encadenado su
segunda derrota consecutiva. Quizá por eso,
la vida sigue igual.
«En el primer
gol -fallo garrafal de Fernando Varela- el
balón le quedó franco a Forlán. Fue una
desgracia porque le puede ocurrir a
cualquier defensa. Pero el segundo fue peor
-Forlán cabeceó libre de marca- y es
impropio de un equipo de Primera», explicó
ayer Nunes a Efe. El defensa portugués, que
tampoco estuvo demasiado brillante ante el
Villarreal, confió en que el equipo
«aprenderá de estos fallos para no volver a
repetirlos». Ésa es la máxima a la que se
agarra el vestuario bermellón, aunque sólo
sea porque la imagen es generalmente mejor
que los resultados. De hecho, el baile de
alineaciones proviene, en buena medida, del
bendito problema que tiene Manzano: mucho y
bueno donde elegir. Poco a poco va puliendo
el once ideal. La portería y la defensa
tiene nombres fijos. Los cambios surgen del
mediocampo hacia adelante, pero cada
jornada surgen nuevos fijos. Ibagaza ya se
ha ganado el puesto y Jankovic ha pasado
como la caballería prusiana por encima de
Jonás. Las dudas surgen en la izquierda, el
mediocentro y sobre todo en los delanteros.
El juego, los goles y los resultados
tendrán la última palabra.