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ELMUNDO OPINA
Sierra por segunda vez
Es la segunda vez que el concejal Sierra
se ve involucrado en prácticas privadas de
más que dudosa compatibilidad con su cargo
en el Ayuntamiento de Palma, que exige
dedicación exclusiva con los
correspondientes emolumentos que dicha
dedicación comporta. En este sentido, y en
relación con su asesoramiento a gentes
relacionadas con el mundo del juego, salió
indemne de la causa judicial que se le
había abierto, pero la alcaldesa Cirer le
obligó a cerrar su despacho de abogado, una
forma de patentizar que lo legal y lo
político podían generar diferentes tipos de
responsabilidades a la hora de contemplar
la actividad privada de un cargo público.
El episodio ahora se repite con su
actividad de mediador o comisionista en
traspasos de jugadores de fútbol que casa
mal, de nuevo, con la dedicación. Al margen
de las eventuales incompatibilidades que
pudieran plantearse desde el punto de vista
de la legalidad, lo cierto es que sí parece
que existe una incompatibilidad política
que debe traducirse en el abandono de esta
actividad.
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