El uemita Miquel Nadal,
con motivo del debate del Estado de la
Autonomía, ha introducido, sin pretensión
académica, indirectamente, una definición
de una determinada expresión. Según este
señor, la carretera de Manacor se ha hecho
«a la mallorquina». Como dicha carretera es
un híbrido tarado, cual sabe todo conductor
medianamente sensato, hay que colegir que
el señor Nadal no tiene un concepto muy
alto de los mallorquines y, por ende, de sí
mismo.
Yo no soy mallorquín de
nacimiento, y aunque el paisano de la
Mallorca profunda, sinceramente, no me
parece un arquetipo -especialmente en lo
que respecta al apego al dinero y al ansia
por la posesión de tierras-, la verdad es
que mi concepto de los mallorquines es más
amable que el del referido señor. Y por eso
propongo distinguir entre carreteras «a la
mallorquina» y a la
unió-mallorquina». Así, a la
unió-mallorquina significaría hacer
las cosas con rostro más o menos bonachón,
lealtad ninguna, métodos heterodoxos y,
siempre, en beneficio propio. Ejemplos: A
la unió-mallorquina, regalo dinero
público entre los correligionarios. A la
unió-mallorquina, intento acabar
-inútilmente- con el periódico que me
critica. A la unió-mallorquina,
vendo un solar de todos a mitad de precio
en un proceso ignominioso por descarado y
chapucero. A la unió-mallorquina,
boicoteo un palacio de congresos promovido
por mis socios, con el único objeto de que
éstos no se apunten el tanto, sin
importarme un ardite el daño social que
causo. A la unió-mallorquina, te
recalifico un terreno sobre el que planea
un soberbio pelotazo. A la
unió-mallorquina, te sonrío, y, con
esa misma sonrisa, a la
unió-mallorquina..., te clavo el
acero.