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ELMUNDO OPINA
Lo peor que podía pasar
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A D E M A S |
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Los inicios de temporada del Real
Mallorca no están exentos de sobresaltos ni
sorpresas. Ésta, por tanto, tampoco iba a
ser una excepción. Pese a que todos los
flancos parecían cubiertos -un presidente
consolidado, un entrenador cabal y un
equipo al completo- el solo anuncio de la
entrada de un nuevo accionista ha disparado
todas las alarmas. La irrupción de
Bartolomé Cursach en el campo de juego del
Real Mallorca es poco menos que
inquietante. Por mucho dinero que este
dispuesto a invertir, el empresario de la
noche palmesana nos retrotrae a una etapa
plagada de incertidumbre en la que su
presencia en el palco del equipo bermellón
no favorecía precisamente a la imagen del
club decano salvo a los intereses
particulares del propio Cursach. La
estabilidad garantizada por Vicente Grande
frente a la inestabilidad de Bartolomé
Cursach. Son dos concepciones
diametralmente opuestas que es imposible
que casen en un mismo consejo de
administración. Deben arbitrarse soluciones
para evitar la intentona de Cursach de
perpetrar su entrada de nuevo en el Real
Mallorca. Sería fatídico para los intereses
del club.
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