ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.-
Bartolomé Cursach quiere volver. El mayor
empresario de ocio de Baleares medita
seriamente su retorno al Real Mallorca
aconsejado por su entorno más cercano. Y
mientras adopta una decisión definitiva
pergeña una estrategia para intentar
retornar al club del que dispuso hace tan
sólo dos años la mayoría accionarial y que
le expuso por primera vez al tribunal de la
opinión pública. Para ello hace cuentas
durante estos días del porcentaje
accionarial que más le conviene y tantea
indirectamente, fiel a su estilo, a sus
posibles vendedores.
Algunas fuentes
apuntan a que ya ha realizado acercamientos
a Francisca March e incluso al constructor
José Miguel García. Y valora en estos
momentos si le conviene posicionarse con
una pequeña participación de cara al futuro
asalto o desistir directamente del intento.
Lo que sí que tiene claro es que, de entrar
en el club, su objetivo último es volver a
tomar las riendas. Cursach no quiere
socios. Ni en sus empresas ni en el fútbol.
Pero en estos momentos la situación en la
que se encuentra el club no es la misma que
la que se encontró cuando se recurrió a su
liquidez para evitar la
desaparición.
Del bolsillo de Cursach
salieron a finales de 2002 los 1.600
millones de pesetas que libraron al equipo
de la quiebra técnica acuciado por unas
deudas que ascendían a unos 10.000 millones
de pesetas. Sin su dinero el Mallorca no
podía pagar a sus empleados. El dueño de
las mayores discotecas de Mallorca aceptó
la cesión a cambio de reservarse una
garantía sobre los traspasos de Eto'o y de
Leo Franco. Dijo inicialmente que su
intención no era en ningún momento quedarse
con el club y sin embargo acabó haciéndolo.
Apasionado del juego le entusiasmó
controlar un equipo de fútbol de Primera
División y aceptó el reto en un momento en
el que nadie se atrevió a arriesgar un solo
euro. Eso sí, no aceptó que nadie adoptara
decisiones por él y que no se le diera
cuenta de todos y cada uno de los
movimientos. Lejos de convertirse en un
mecenas pasivo, acudía a los entrenamientos
del equipo a bordo de su Ferrari; elegía
jugadores; y viajaba con el equipo. Por
primera vez en su vida descubría a los
medios de comunicación que siempre había
financiado. Y, como el club y sus
discotecas, pretendió controlarlos.
Los medios
Arrojó
contra una mesa un ejemplar de Ultima
Hora cuando se vio por primera vez
fotografiado en el palco del Mallorca en
compañía de su hija. La misma reacción se
apoderó de él cuando convertido ya en un
personaje público EL MUNDO comenzó a
informar sobre sus negocios. De los legales
y de los no tan legales. Desde la
utilización de información privilegiada
para montar una compañía aérea -BCM- hasta
sus estrategias para colar a menores
en sus salas de fiestas pasando por las mil
y una irregularidades que albergan sus
establecimientos y el trato de favor que le
dispensan las autoridades. Sean del color
político que sean.
Desde la Nájera
que le permitió hacer un parque acuático en
una zona residencial al Fageda que le
consentía discotecas con licencia de
restaurante. Se fue envuelto en escándalos.
Cabizbajo y por la puerta falsa. Desde
entonces quiere quitarse esa espina. Al
precio que sea.