MIREYA ROURA
INCA.- «Estaba
deseando que llegara este momento. Llevamos
nueve meses con esta historia y lo he
pasado fatal». A Estrella Gil, desde ayer
ex trabajadora de Yanko, no le tiembla la
voz cuando relata sus últimos días en la
que llegó a ser una fábrica puntera en el
sector del calzado. «Aguantamos hasta el
día de vacaciones, sin aire acondicionado,
sin luz. Todo desconectado. No había
trabajo y te echaban tierra encima. Te
hacían sentir mal para que nos fuéramos y
ellos se quedaran».
Estrella fue una
de las trabajadoras que vio los últimos
días de agonía de una empresa que no ha
podido superar su última crisis. Pese a que
en sus buenos tiempos, la fábrica llegó a
producir 40.000 pares de lujosos zapatos al
año, en el mes de julio ya no había
materiales con los que trabajar. Tal era la
situación, que una veintena de empleados se
acogió al permiso retribuido. Se fueron a
sus casas con la mensualidad garantizada y
allí esperaron.
El futuro, sin
embargo, ha sido el mismo para la mayoría
de trabajadores de Yanko. Los 115 empleados
despedidos salían ayer de la reunión con
los administradores concursales con un
sobre marrón bajo el brazo. «¡Ya tengo el
paro!», exclamaba alguno mostrando, a su
vez, el reivindicado sueldo del mes de
julio. Pero la incertidumbre es casi la
misma para los despedidos que para los 25
empleados que se quedan.
«El 4 de
septiembre iremos a trabajar y estaremos de
brazos cruzados», asevera Salvadora
Martínez, empleada en Yanko desde 1978. La
fábrica llevaba, por entonces, 88 años de
andadura y, pese a ser un referente del
sector del calzado internacional, se
enfrentó a la quiebra en 1998. Bajo la
gestión del empresario Xavier Camp, Yanko
adquirió Pielsa y consiguió expandirse
hacia China, Japón y la India.
El
mejor activo: la marca
La
actividad, no obstante, no acabó de
restablecerse del todo y en enero de 2005,
Yanko suscribió un crédito de 3 millones de
euros. Fue entonces cuando el Govern entró
en juego y, a cambio de avalar a la
factoría, se quedó con la marca. Y desde
que en octubre de 2005, la empresa se
declarara en quiebra, la marca es el
principal activo para poder reflotar a
Yanko.
En el largo y agónico proceso
de negociaciones entre los administradores
concursales y los empleados, se ha hablado
de cuantiosas deudas, condonaciones,
reinserción de los despedidos,
prejubilaciones e indemnizaciones y sobre
la importancia de que la producción se
quede en Baleares. Manuel Pelarda, portavoz
de UGT, no olvida, pese a todo, que no se
puede empezar la casa por el tejado.
De momento, el objetivo de todos es
encontrar un comprador. «Existen dos
posibles empresas de capital riesgo, pero
no nos interesa porque después de un tiempo
Yanko volverá a estar en venta», incide
Pelarda quien asegura que la mejor opción
es una sociedad que no tiene marca y posee
una planta de calzado femenino en Alicante
y otra de bolsos en Cádiz.
Al mismo
tiempo, UGT informó ayer de que hoy
presentarán el recurso contra el auto del
juez de lo Mercantil de Palma, Víctor
Fernández, quien autorizó el despido de 115
empleados, con una indemnización de 20 días
por año trabajado, ante la grave situación
financiera de la fábrica de zapatos. En
este sentido, Yanko acumula una deuda de
1,5 millones de euros con el Estado (con
Hacienda, la Seguridad Social y el Fondo de
Garantía Salarial, que asume las
indemnizaciones de los trabajadores) y debe
400.000 euros a entidades privadas.
Aunque el día de ayer puede haber sido el
principio del fin, Pelarda reconoce que
ahora empieza lo complicado. Tal es el
caso, que próximamente el sindicato se
reunirá con una grande superficie, que
distribuye mucha de la producción de Yanko,
para asegurarse de que el contrato seguirá
en vigor. «Si el chiringuito se nos cae,
Yanko tendrá poca vida», finaliza
Pelarda.