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  Viernes, 25 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:39
 

INDUSTRIA
Yanko entra 'en coma': despide a ciento quince trabajadores y ya sólo le quedan veinticinco

Los afectados cobran por fin el mes de julio, recogen los papeles del paro, pero les faltan 15 días de atrasos - UGT descarta reunirse con las empresas de capital riesgo y anuncia que hoy presenta el recurso contra el auto del juez

  A D E M A S
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MIREYA ROURA

INCA.- «Estaba deseando que llegara este momento. Llevamos nueve meses con esta historia y lo he pasado fatal». A Estrella Gil, desde ayer ex trabajadora de Yanko, no le tiembla la voz cuando relata sus últimos días en la que llegó a ser una fábrica puntera en el sector del calzado. «Aguantamos hasta el día de vacaciones, sin aire acondicionado, sin luz. Todo desconectado. No había trabajo y te echaban tierra encima. Te hacían sentir mal para que nos fuéramos y ellos se quedaran».

Estrella fue una de las trabajadoras que vio los últimos días de agonía de una empresa que no ha podido superar su última crisis. Pese a que en sus buenos tiempos, la fábrica llegó a producir 40.000 pares de lujosos zapatos al año, en el mes de julio ya no había materiales con los que trabajar. Tal era la situación, que una veintena de empleados se acogió al permiso retribuido. Se fueron a sus casas con la mensualidad garantizada y allí esperaron.

El futuro, sin embargo, ha sido el mismo para la mayoría de trabajadores de Yanko. Los 115 empleados despedidos salían ayer de la reunión con los administradores concursales con un sobre marrón bajo el brazo. «¡Ya tengo el paro!», exclamaba alguno mostrando, a su vez, el reivindicado sueldo del mes de julio. Pero la incertidumbre es casi la misma para los despedidos que para los 25 empleados que se quedan.

«El 4 de septiembre iremos a trabajar y estaremos de brazos cruzados», asevera Salvadora Martínez, empleada en Yanko desde 1978. La fábrica llevaba, por entonces, 88 años de andadura y, pese a ser un referente del sector del calzado internacional, se enfrentó a la quiebra en 1998. Bajo la gestión del empresario Xavier Camp, Yanko adquirió Pielsa y consiguió expandirse hacia China, Japón y la India.

El mejor activo: la marca

La actividad, no obstante, no acabó de restablecerse del todo y en enero de 2005, Yanko suscribió un crédito de 3 millones de euros. Fue entonces cuando el Govern entró en juego y, a cambio de avalar a la factoría, se quedó con la marca. Y desde que en octubre de 2005, la empresa se declarara en quiebra, la marca es el principal activo para poder reflotar a Yanko.

En el largo y agónico proceso de negociaciones entre los administradores concursales y los empleados, se ha hablado de cuantiosas deudas, condonaciones, reinserción de los despedidos, prejubilaciones e indemnizaciones y sobre la importancia de que la producción se quede en Baleares. Manuel Pelarda, portavoz de UGT, no olvida, pese a todo, que no se puede empezar la casa por el tejado.

De momento, el objetivo de todos es encontrar un comprador. «Existen dos posibles empresas de capital riesgo, pero no nos interesa porque después de un tiempo Yanko volverá a estar en venta», incide Pelarda quien asegura que la mejor opción es una sociedad que no tiene marca y posee una planta de calzado femenino en Alicante y otra de bolsos en Cádiz.

Al mismo tiempo, UGT informó ayer de que hoy presentarán el recurso contra el auto del juez de lo Mercantil de Palma, Víctor Fernández, quien autorizó el despido de 115 empleados, con una indemnización de 20 días por año trabajado, ante la grave situación financiera de la fábrica de zapatos. En este sentido, Yanko acumula una deuda de 1,5 millones de euros con el Estado (con Hacienda, la Seguridad Social y el Fondo de Garantía Salarial, que asume las indemnizaciones de los trabajadores) y debe 400.000 euros a entidades privadas.

Aunque el día de ayer puede haber sido el principio del fin, Pelarda reconoce que ahora empieza lo complicado. Tal es el caso, que próximamente el sindicato se reunirá con una grande superficie, que distribuye mucha de la producción de Yanko, para asegurarse de que el contrato seguirá en vigor. «Si el chiringuito se nos cae, Yanko tendrá poca vida», finaliza Pelarda.

 
   
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