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  Viernes, 25 de agosto de 2006 Actualizado a las 01:50
 

EL ÁGORA
Provocación

RAMóN AGUILÓ


Grosske ha hablado: los miembros de la corporación municipal de Palma han incurrido en provocación al tratar de imponer su presencia en la romería de Sant Bernat que concluía en el monestir de La Real. Que Dios le conserve la capacidad de raciocinio al candidato in péctore a regir los destinos de nuestra ciudad por el Bloc. Y la capacidad de decir cosas lógicas del estilo: Todos los hombres son mortales / Grosske es un hombre / Grosske es mortal. Supongo que debe ser tal que así. A mí me daría mucha rabia morirme y que Grosske gozara del privilegio de decir sensateces que adornaran la eternidad mientras yo me dedicara a criar malvas. A mí también se me ocurren silogismos, como por ejemplo: La democracia supone respeto a las reglas de juego / Grosske es demócrata / Grosske respeta las reglas de juego. De ahí a decir que los elegidos por los ciudadanos como sus representantes, que para más inri son católicos practicantes (como mínimo la alcaldesa) provocan a los romeros con su presencia y por tanto son responsables de los desórdenes producidos, media un trecho considerable, por mucho que indigne el proceso del hospital de Son Espases. Más aún cuando la alcaldesa, en un gesto de tanta prudencia que parece cobardía ha acudido dos horas antes al monestir, para no crear problemas. A eso se le llama hacerse valer como representación de la ciudadanía. No me siento bien representado, tanto ball de bot y fútbol y tan poca vergüenza torera.

No es que yo sea un forofo de la liturgia del poder, pero si admitimos que el hombre es el animal simbólico por naturaleza, la alcaldesa, como mujer, debe serlo por partida doble pues ha sido elegida como representante de los animales simbólicos que habitan Palma. Estas declaraciones suponen una curiosa inversión de conceptos de quienes dicen aceptar las formas -ya se sabe, la falsa democracia burguesa-, pero en su fuero interno se siguen creyendo en posesión de una verdad sustantiva más allá de formalismos y retórica. Como cuando la gente de ¡Basta ya! en el País Vasco era tildada de provocadora por el mundo abertzale cuando se manifestaba en la calle contra los que apoyaban a ETA. O como no se recatan algunos machistas en explicar las violaciones por la provocación que supone el vestir provocativo de algunas chicas. Como estoy seguro que Grosske no se adapta a estos perfiles es por lo que me han sorprendido sus comentarios, más propios de sus tiempos de sindicalista provocado por los mandamases municipales o de conseller provocado en el cogote por los efluvios borbónicos de la fotografía del rey de España, que por su condición de aspirante a animal doblemente simbólico.

Al final parece que el prior del monestir no es un bombero pirómano, como afirma el crisóstomo pepero, tan hipertrófico como suele en sus expresiones, sino un buen hombre que no controla lo que pasa a su alrededor; alrededor muy agitado, muy exaltado, poco impregnado de la paz que debiera inspirar un recinto sagrado, refugio que debiera ser de almas atribuladas. Pero no basta con ser un buen hombre para ser pastor de almas y administrador de bienes eclesiásticos, ya nos dice la sabiduría popular que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Si el prior hubiera sido más diligente en el estudio de la teodicea, sabría que en las cosas de este mundo siempre hay que contar con la presencia del que quiere enredarlo todo, el demonio o, digámoslo de otra modo, del mal; que no siempre está entre los supuestos adversarios, a veces también medra entre la gente más cercana. Resumiendo: que para hacer el bien, hay que contar con el mal. Y a los irenistas hay que recomendarles que se dediquen a la mística.

Una última apreciación: ¿tan difícil es para la policía local o nacional averiguar la filiación de las personas que tienen un comportamiento violento y quiénes las dirigen? Así sabríamos quiénes son los auténticos responsables. Y podríamos demandar a Grosske que, para seducirnos un poquitín más, se dejara de ramalazos de demagogia que minan su solidez, y se alejara de estas malas compañías.

 
   
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