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IMPRESIONES
La intolerable miseria de un periodista que hurga en tragedias personales
Con el feo estilo marca de la casa que
no duda en hurgar en las heridas y en los
dramas personales de los que no se pliegan
a los designios de El Egipcio, el
periodista que hace de brazo ejecutor del
editor da un salto cualitativo en su
función de sicario que hace el trabajo
sucio. Esta vez, como en otras ocasiones,
incurre en la miserabilidad más intolerable
al enjuiciar a Isabel Llinàs, presidenta
del Institut de la Dona, con técnicas de
mal nacidos. En lugar de criticar a Llinàs
por sus actuaciones políticas la cuestiona
por su drama personal que es lo que
explicaría su presencia al frente de la
institución que preside, por lo demás con
acierto. Para el supuesto periodista y para
su mentor es el haber sido maltratada y
apuñalada en un terrorífico episodio de
violencia de género lo que explica que esté
donde está. Francamente, hay que ser muy
mal entrañado para recurrir a estos
argumentos para castigar a quien ha apoyado
lo que en conciencia creía que debía
apoyar.
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