Pese a que el polémico prior de La Real,
Antoni Vallespir, siempre afirma en sus
declaraciones que él tiene un status
especial y que sólo tiene que dar cuenta a
su superior en la Congregación de los
Sagrados Corazones que rige los destinos
del Monasterio de La Real en Palma, Josep
Amengual, la realidad es otra como él bien
sabe.
El obispo de Mallorca, Jesús
Murgui, tiene todos los poderes que le
otorga el Derecho Canónico para destituir
de su condición de párroco de La Real al
polémico prior que ha acusado al PP de Cort
de utilizar «métodos nazis». La razón es
bien sencilla. Frente a lo que a menudo
difunden desde esta Congregación, los
frailes de La Real son simples religiosos
que viven en un convento, pese a que el
recinto haya sido históricamente un
monasterio.
Pero no son monjes, sino
religiosos que pertenecen a una orden
eclesiástica de ámbito local la los
Sagrados Corazones nacida en el siglo XIX y
en la que Vallespir es un párroco y
superior local del convento con
jurisdicción sobre laicos y seglares y, por
tanto, como el resto de párrocos de Palma
debe su cargo al obispo. Donde el obispo de
Mallorca, Jesús Murgui, no puede
inmiscuirse es, exclusivamente, en la
organización interna del recinto,
publicaciones o trabajos que realicen donde
Vallespir sólo está obligado a obedecer al
superior de la orden , Josep Amengual,
destacado catalanista como su discípulo
Vallespir y ex profesor del Seminario de
Palma. Por tanto el obispo de Mallorca,
Jesús Murgui, puede ordenar a Amengual con
el Derecho Canónigo en la mano que le sea
presentada una nueva terna de candidatos a
párroco del Monasterio de La Real.
Cosa diferente es que lo haga. «En
condiciones normales Vallespir hubiese sido
ya relevado del cargo hace meses y después
de lo que ha ocurrido este fin de semana y
sus declaraciones no puede durar ni un
minuto más», afirmaba ayer un destacado
alto cargo de la Iglesia de Mallorca.
Cosa bien diferente es que Murgui,
que sigue sin conceder entrevistas a los
medios de comunicación, se atreva a
hacerlo. Pero ahora tiene un problema con
toda la población de Palma que se ha visto
menospreciada, insultada y vejada por las
manifestaciones de Vallespir en contra de
unos políticos elegidos democráticamente.
Por ahora Murgui siguen de
vacaciones, informan desde la Casa de la
Iglesia de Mallorca pero a la vuelta de
septiembre se encontrará la carta que la
alcaldesa Cirer le enviará expresándole sus
quejas por todo lo ocurrido el fin de
semana pasado. Unos hechos que tardarán
mucho tiempo en olvidar todos los que
estuvieron presentes en la romería.