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  Viernes, 25 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:13
 

El obispo tiene por ley pleno poder para echar al prior de La Real


Pese a que el polémico prior de La Real, Antoni Vallespir, siempre afirma en sus declaraciones que él tiene un status especial y que sólo tiene que dar cuenta a su superior en la Congregación de los Sagrados Corazones que rige los destinos del Monasterio de La Real en Palma, Josep Amengual, la realidad es otra como él bien sabe.

El obispo de Mallorca, Jesús Murgui, tiene todos los poderes que le otorga el Derecho Canónico para destituir de su condición de párroco de La Real al polémico prior que ha acusado al PP de Cort de utilizar «métodos nazis». La razón es bien sencilla. Frente a lo que a menudo difunden desde esta Congregación, los frailes de La Real son simples religiosos que viven en un convento, pese a que el recinto haya sido históricamente un monasterio.

Pero no son monjes, sino religiosos que pertenecen a una orden eclesiástica de ámbito local la los Sagrados Corazones nacida en el siglo XIX y en la que Vallespir es un párroco y superior local del convento con jurisdicción sobre laicos y seglares y, por tanto, como el resto de párrocos de Palma debe su cargo al obispo. Donde el obispo de Mallorca, Jesús Murgui, no puede inmiscuirse es, exclusivamente, en la organización interna del recinto, publicaciones o trabajos que realicen donde Vallespir sólo está obligado a obedecer al superior de la orden , Josep Amengual, destacado catalanista como su discípulo Vallespir y ex profesor del Seminario de Palma. Por tanto el obispo de Mallorca, Jesús Murgui, puede ordenar a Amengual con el Derecho Canónigo en la mano que le sea presentada una nueva terna de candidatos a párroco del Monasterio de La Real.

Cosa diferente es que lo haga. «En condiciones normales Vallespir hubiese sido ya relevado del cargo hace meses y después de lo que ha ocurrido este fin de semana y sus declaraciones no puede durar ni un minuto más», afirmaba ayer un destacado alto cargo de la Iglesia de Mallorca.

Cosa bien diferente es que Murgui, que sigue sin conceder entrevistas a los medios de comunicación, se atreva a hacerlo. Pero ahora tiene un problema con toda la población de Palma que se ha visto menospreciada, insultada y vejada por las manifestaciones de Vallespir en contra de unos políticos elegidos democráticamente.

Por ahora Murgui siguen de vacaciones, informan desde la Casa de la Iglesia de Mallorca pero a la vuelta de septiembre se encontrará la carta que la alcaldesa Cirer le enviará expresándole sus quejas por todo lo ocurrido el fin de semana pasado. Unos hechos que tardarán mucho tiempo en olvidar todos los que estuvieron presentes en la romería.

 
   
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