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EL MUNDO OPINA
Una grave irregularidad
En los concursos, al revés que en las
subastas, no se ponderan sólo -ni siquiera
principalmente- las ofertas económicas,
sino otros factores que permiten evaluar la
seriedad y solvencia de los licitantes. Por
esto se recurre a la figura concursal en la
que la discrecionalidad del adjudicante le
autoriza a manejar todos los parámetros que
se aportan en las diferentes ofertas. Es
por ello que resulta práctica habitual que
los concursantes locales se asocien con
empresas de ámbito nacional que constituyen
una garantía de solvencia y de capacidad
más que acreditadas. Hasta tal punto estas
joint ventures son importantes que
suelen ser un elemento decisivo a la hora
de la adjudicación. Riutort -como los
demás- se presentó al concurso de Marina
Port de Mallorca, que ganó con la compañía
de Agromán, factor que resultó decisivo a
la hora de obtener la máxima puntuación.
Sin embargo, resulta que, en pleno proceso
adjudicatorio, Riutort rompió con su
socio, lo cual suponía una alteración
fundamental de la plica presentada que, en
buena teoría, debía afectar a la
adjudicación. Se trata de una grave
irregularidad que planea sobre una
concesión en la que una de las plicas no
coincidía con la oferta descrita. Y plantea
un nuevo conflicto de intereses a Joan
Verger. El presidente de la Autoridad
Portuaria debe decidir ahora, con este
documento encima de la mesa, si la
concesión a su ex empresa y a su socio está
correctamente otorgada.
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