La sociedad Iniciatives Portuaris Mirall
Mar de Mallorca (IP3M) se creó con un
objetivo claro: ganar el concurso para
explotar 154 amarres en pleno Paseo
Marítimo. A partir de ahí y sin experiencia
de ningún tipo esta sociedad se presentó al
ansiado concurso para lograr «la
explotación de 59.450 metros cuadrados de
espejo de agua caracterizados por la línea
de atraques correspondientes, con 367
metros en el Muelle del Paseo Marítimo de
Palma».
El 2 de septiembre de 1999,
la Autoridad Portuaria adjudicó a la recién
estrenada empresa la explotación de los
amarres y Agromán-Ferrovial acometió las
obras. Al terminar las mismas se empezaron
a vender y a alquilar puestos de atraque.
Con la puesta en marcha del puerto
deportivo comenzó también el cobro de unas
tarifas ilegales que reportaron a Riutort
unos ingresos de unos 300.000 euros anuales
y que fueron objeto de sanción por parte de
la Autoridad Portuaria.