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  Viernes, 25 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:30
 

'CASO VERGER'
El socio de Joan Verger engañó a la Autoridad Portuaria para lograr la concesión de Marina Port

Riutort se presentó al concurso asociado con Agromán-Ferrovial para lograr la mayor puntuación y luego rompió la alianza

  A D E M A S
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ESTEBAN URREIZTIETA

PALMA.- El empresario Juan Antonio Riutort engañó a la Autoridad Portuaria de Baleares para lograr la adjudicación de uno de los puertos deportivos más selectos de Baleares: Marina Port de Mallorca. El presidente de la empresa náutica IP3M y actual socio del presidente de los puertos de Baleares, Joan Verger, se presentó al concurso de la marina ubicada en el Paseo Marítimo de Palma en 1998.

Lo hizo con su empresa IP3M, que contaba entonces con apenas varios meses de vida y de la mano de un gigante nacional de la construcción: Agromán, fusionada posteriormente con Ferrovial. Mientras la institución que ahora preside Verger estudiaba la oferta, Riutort acordó la ruptura con Agromán mediante un contrato privado, a espaldas de la Comisión Técnica que debía analizar pormenorizadamente su propuesta.

A Riutort tan sólo le interesaba la vinculación con la constructora para lograr una mayor puntuación en la licitación. Que fuera contabilizada la solvencia técnica y económica de Agromán; que ésta acometiera las obras de la marina; y nada más. De su participación en el negocio posterior, ni hablar.

Pero a la Autoridad Portuaria de Baleares el socio de Verger le hizo creer todo lo contrario. Se presentó al concurso bajo la promesa de que en el caso de que resultase ganadora su oferta, como finalmente ocurrió, la explotación correría a cargo de una empresa que albergaba a un accionista de referencia con un prestigio acreditado.

Y es que, por aquel entonces, en el sector náutico Juan Antonio Riutort no era nadie. Tan sólo contaba en su haber con experiencia en la explotación de bares.

Mediante la alianza con Agromán-Ferrovial Riutort suplía las carencias de IP3M, una sociedad que nació poco antes de la licitación -el 27 de julio de 1998-. La unión se fraguó un mes después de la constitución de IP3M, con la venta del 40% de la empresa recién nacida ante el notario de Palma Luis Pareja Cerdó. Riutort cobró por ello 1.200 euros.

Imagen distorsionada

Los técnicos de la Autoridad Portuaria encargados de analizar los proyectos se encontraron durante la apertura de las plicas con una sociedad integrada por Agromán. La presencia de la constructora determinó la contabilización de la solvencia técnica y de su dilatada experiencia, ya que la de la sociedad de Riutort era nula y colocó a IP3M a la cabeza del concurso.

Sin embargo, lo que vieron los ojos de los técnicos de la Autoridad Portuaria no se ajustaba con la realidad. En pleno proceso de adjudicación del puerto deportivo que alberga 154 amarres en pleno Paseo Marítimo de Palma, Juan Antonio Riutort y Ferrovial-Agromán pactaron su ruptura y la fecha en la que tendría lugar. Siempre, eso sí, después de lograr la adjudicación y de que esta empresa hubiera acometido las obras.

Este acuerdo se alcanzó mediante un documento privado que se firmó entre ambas partes el 15 de febrero de 1999, siete meses antes de que la Autoridad Portuaria acordara proclamar vencedora a la opción de IP3M. Mediante este documento suscribieron una «opción de compraventa» que se debía formalizar «nunca antes del uno de diciembre de 2001». El pacto alcanzado rezaba de la siguiente manera: «Ferrovial Agromán, S.A., se compromete a vender y D. Juan Antonio Riutort Servera a comprar todas las participaciones sociales... con todos sus derechos inherentes, libres de cargas y gravámenes».

El precio que se estipuló fue el mismo que el que abonó Ferrovial-Agromán por ellas: «1.200 euros».

Las previsiones de Riutort se cumplieron y logró la adjudicación de Marina Port de Mallorca. Agromán-Ferrovial acometió las obras y poco después la alianza estratégica se disolvía mediante una ampliación de capital que acabó con la salida de la constructora de IP3M. Se optó por esta fórmula frente a la de la compra, al ser fiscalmente más ventajosa.

 
   
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