JORGE MONTOJO
Nuestro tierno tótem
ibérico de las letras, Camilo José
Cela, prefería largarse a las fuentes
del Orinoco antes que a la Luna, donde
creía no encontrar nada. Mi tío Amaro
Gómez-Pablos escandalizó a
Neil Armstrong al preguntarle:
«¿Pero qué demonios hacían en la luna sin
mujeres?». Eso ahora ya no pasa porque una
millonaria va a ser la primera turista
espacial femenina en el espacio, y, más que
la discriminación positiva de un presidente
aburrido, lo que llevará es el perfume de
Chanel a las estrellas.
Los hoteleros
baleáricos deben estar ya pensando en poner
en órbita alguna pensión espacial desde
donde la gente ensalce los polvos
galácticos, que eso de que no exista
gravedad ayuda a que nada
baje.
Además, el mercado balear está
ya más que saturado. No hacemos más que
presumir de los millones de turistas que
vienen cuando lo que de verdad necesitamos
es más viajeros. Calidad versus
Cantidad o el Ser contra el Tener. Los
turistas acuden en rebaños al redil del
todo incluido y los indígenas debemos
escondernos y cambiar los hábitos durante
el terrorífico agosto.
Tal vez por
eso se están poniendo de moda los viajes
espaciales: los paparazzis todavía
no han llegado y es un turismo de lo más
exclusivo. Se cuentan con los dedos los
viajeros del espacio, aunque ninguno es tan
interesante como el barón de
Münchausen o Cyrano de Bergerac.
Tan sólo una panda de millonarios
hiperactivos que se encierran en unas
cápsulas de aire comprimido para comer
pastillas vitamínicas. Si por lo menos
permitieran llevar a Koldo al
espacio o a una cum laude de la
escuela de Madame Claude, entonces
sí que la diversión estaría asegurada, pero
estos viajes en compañía de ingenieros
espaciales se me antojan como uno de los
mayores coñazos inventados por el hombre
que no disfruta de lo que tiene por ansias
de lo que espera.
Los yanquis se
creen los conquistadores extremeños
atravesando los Andes espaciales. Pero nada
tienen que ver. Nosotros íbamos a un Nuevo
Mundo lleno de indígenas sin pecado
original y rezumante de belleza,
sensualidad, riquezas y aventuras. La
conquista española ha sido uno de las
mayores gestas de la historia, y además nos
mezclábamos (si los soldados
norteamericanos se atrevieran a casarse con
las bellezas iraquíes, la inacabada Madre
de todas las Batallas terminaría muy
pronto).
Ahora bien, hacer el amor
con una marciana debe ser algo acojonante.