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  Viernes, 25 de agosto de 2006 Actualizado a las 01:55
 

El velo de Tanit
Turismo espacial


JORGE MONTOJO

Nuestro tierno tótem ibérico de las letras, Camilo José Cela, prefería largarse a las fuentes del Orinoco antes que a la Luna, donde creía no encontrar nada. Mi tío Amaro Gómez-Pablos escandalizó a Neil Armstrong al preguntarle: «¿Pero qué demonios hacían en la luna sin mujeres?». Eso ahora ya no pasa porque una millonaria va a ser la primera turista espacial femenina en el espacio, y, más que la discriminación positiva de un presidente aburrido, lo que llevará es el perfume de Chanel a las estrellas.

Los hoteleros baleáricos deben estar ya pensando en poner en órbita alguna pensión espacial desde donde la gente ensalce los polvos galácticos, que eso de que no exista gravedad ayuda a que nada baje.

Además, el mercado balear está ya más que saturado. No hacemos más que presumir de los millones de turistas que vienen cuando lo que de verdad necesitamos es más viajeros. Calidad versus Cantidad o el Ser contra el Tener. Los turistas acuden en rebaños al redil del todo incluido y los indígenas debemos escondernos y cambiar los hábitos durante el terrorífico agosto.

Tal vez por eso se están poniendo de moda los viajes espaciales: los paparazzis todavía no han llegado y es un turismo de lo más exclusivo. Se cuentan con los dedos los viajeros del espacio, aunque ninguno es tan interesante como el barón de Münchausen o Cyrano de Bergerac. Tan sólo una panda de millonarios hiperactivos que se encierran en unas cápsulas de aire comprimido para comer pastillas vitamínicas. Si por lo menos permitieran llevar a Koldo al espacio o a una cum laude de la escuela de Madame Claude, entonces sí que la diversión estaría asegurada, pero estos viajes en compañía de ingenieros espaciales se me antojan como uno de los mayores coñazos inventados por el hombre que no disfruta de lo que tiene por ansias de lo que espera.

Los yanquis se creen los conquistadores extremeños atravesando los Andes espaciales. Pero nada tienen que ver. Nosotros íbamos a un Nuevo Mundo lleno de indígenas sin pecado original y rezumante de belleza, sensualidad, riquezas y aventuras. La conquista española ha sido uno de las mayores gestas de la historia, y además nos mezclábamos (si los soldados norteamericanos se atrevieran a casarse con las bellezas iraquíes, la inacabada Madre de todas las Batallas terminaría muy pronto).

Ahora bien, hacer el amor con una marciana debe ser algo acojonante.

 
   
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