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  Lunes, 21 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:05
 

SUCESOS / 'Okupación' en Menorca
Doscientos 'okupas' se apoderan de una finca de Menorca para hacer una fiesta y agreden al guarda y al payés

El grupo de violentos, entre los que había menores, reventaron los candados de las casas y se enfrentaron a los propietarios

  A D E M A S
 Una parcela para la defensa de Maó que fue revertida para su uso particular
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LORENZO MARINA

LLUCALARI.- Los okupas volvieron ayer a tomar la emblemática finca menorquina de Llucalari, en el término municipal de Alaior. Unos 200 jóvenes irrumpieron en la parcela y montaron una rave party (fiesta clandestina) ilegal. Lo intentos por desalojar el inmueble resultaron vanos. Algunos jóvenes zarandearon al guarda de la finca y arrojaron piedras contra el payés.

Unos 30 automóviles irrumpieron ayer en la antigua finca pública, ahora de titularidad privada, para montar una fiesta en la finca recién okupada. Los primeros intentos se iniciaron la semana pasada. Tres okupaciones se han sucedido en apenas un plazo de siete días escasos.

Algunos okupas soltaron al perro y pretendieron instalarse de nuevo en Llucalari. Sin embargo, la actuación de la Guardia Civil en esta ocasión no se hizo esperar. Los agentes del Instituto Armado desalojaron rápidamente a los jóvenes.

Lejos de desistir, los okupas volvieron de nuevo a la carga a la finca de Llucalari. Reventaron el candado y aumentaron considerablemente el número. Además, celebraron una fiesta rave.

Un total de siete furgonetas, dos de ellas provistas de grandes altavoces, se adentraron en la finca. Al parecer, algunos menores también se encontraban entre los okupas. En la finca se vendían bebidas alcohólicas a un precio de dos euros la copa.

Animales sin beber

Los animales que se encuentran habitualmente en la finca -cuatro caballos, ovejas y tres burros- salieron despavoridos ante el estruendo causado por la música. Además, los okupas instalaron su platos de pinchadiscos en los abrevaderos. Por este motivo, los animales no encontraron ayer sitio donde poder beber.

Los okupas contaron con un argumento determinante a su favor para irrumpir en la finca: la ausencia de Guardia Civil. No había efectivos suficientes del Instituto Armado para desalojar a los okupas de la finca de Llucalari.

Nada más conocer la irrupción de los intrusos, el payés de la finca y unos vigilantes de seguridad se adentraron desde el principio. «Los animales no podían beber, en un día de mucho calor, porque se habían instalado en los abrevaderos», relató ayer el payés Pedro Barber en declaraciones a EL MUNDO/El Día de Baleares.

Mientras estaban hablando, un vigilante quitó la aguja de un tocadiscos. Un fuerte empujón de los okupas al guarda fue la contundente respuesta.

Los vigilantes y el payés se vieron incapaces de desalojar la finca. Una patrulla de la Guardia Civil se acercó por el lugar y también se vio obligada a dar media vuelta. Al menos hasta que los refuerzos aparezcan.

 
   
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