LORENZO MARINA
LLUCALARI.- Los
okupas volvieron ayer a tomar la
emblemática finca menorquina de Llucalari,
en el término municipal de Alaior. Unos 200
jóvenes irrumpieron en la parcela y
montaron una rave party (fiesta
clandestina) ilegal. Lo intentos por
desalojar el inmueble resultaron vanos.
Algunos jóvenes zarandearon al guarda de la
finca y arrojaron piedras contra el
payés.
Unos 30 automóviles
irrumpieron ayer en la antigua finca
pública, ahora de titularidad privada, para
montar una fiesta en la finca recién
okupada. Los primeros intentos se
iniciaron la semana pasada. Tres
okupaciones se han sucedido en apenas un
plazo de siete días escasos.
Algunos
okupas soltaron al perro y
pretendieron instalarse de nuevo en
Llucalari. Sin embargo, la actuación de la
Guardia Civil en esta ocasión no se hizo
esperar. Los agentes del Instituto Armado
desalojaron rápidamente a los
jóvenes.
Lejos de desistir, los
okupas volvieron de nuevo a la carga
a la finca de Llucalari. Reventaron el
candado y aumentaron considerablemente el
número. Además, celebraron una fiesta
rave.
Un total de siete
furgonetas, dos de ellas provistas de
grandes altavoces, se adentraron en la
finca. Al parecer, algunos menores también
se encontraban entre los okupas. En
la finca se vendían bebidas alcohólicas a
un precio de dos euros la
copa.
Animales sin
beber
Los animales que se
encuentran habitualmente en la finca
-cuatro caballos, ovejas y tres burros-
salieron despavoridos ante el estruendo
causado por la música. Además, los okupas
instalaron su platos de pinchadiscos en los
abrevaderos. Por este motivo, los animales
no encontraron ayer sitio donde poder
beber.
Los okupas contaron con
un argumento determinante a su favor para
irrumpir en la finca: la ausencia de
Guardia Civil. No había efectivos
suficientes del Instituto Armado para
desalojar a los okupas de la finca
de Llucalari.
Nada más conocer la
irrupción de los intrusos, el payés de la
finca y unos vigilantes de seguridad se
adentraron desde el principio. «Los
animales no podían beber, en un día de
mucho calor, porque se habían instalado en
los abrevaderos», relató ayer el payés
Pedro Barber en declaraciones a EL MUNDO/El
Día de Baleares.
Mientras estaban
hablando, un vigilante quitó la aguja de un
tocadiscos. Un fuerte empujón de los
okupas al guarda fue la contundente
respuesta.
Los vigilantes y el payés
se vieron incapaces de desalojar la finca.
Una patrulla de la Guardia Civil se acercó
por el lugar y también se vio obligada a
dar media vuelta. Al menos hasta que los
refuerzos aparezcan.